El Zum 
(Eco-crónica semanal por Gustavo Jerez)

 
El día del medio ambiente

Madrid, primera semana de junio de 2005 (Infoecología)

La actividad humana está provocando impactos “devastadores” en el planeta. Es la conclusión a la que ha llegado el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) que, con motivo de la celebración el pasado domingo del Día Mundial del Medio Ambiente, ha publicado un Atlas Mundial que ilustra los cambios que se han producido en los ecosistemas del planeta durante los últimos 30 años. 

La deforestación, la erosión, la sobreexplotación de los recursos han hecho mella en el planeta. Así lo atestiguan las imágenes que recoge el atlas y que comparan la situación actual con la de hace 30 años, poniendo de manifiesto la degradación que sufren numerosas áreas.

 

El PNUMA advierte que el crecimiento de las ciudades se está produciendo sin tener en cuenta consideraciones ambientales, que a la postre equivale a decir que se produce sin atender a criterios sociales y económicos. La ONU ha recordado que en 2030, más del 60 por ciento de la población mundial habitará en zonas urbanas, pero, o cambian las cosas, o más de un tercio vivirán en condiciones precarias. En muchos casos sin acceso al agua potable y los servicios más básicos.

 

Pero los impactos no son visibles sólo en las grandes ciudades. Un estudio publicado en “Science” revela que en los tres últimos decenios han desaparecido más de cien grandes lagos siberianos. Más cerca, en el cantábrico, la anchoa también desaparece. Se podría decir para ilustralo gráficamente que nos las hemos comido todas. Están muy buenas, pero no se lo merecían. Muchos biólogos y organizaciones llevaban décadas advirtiéndolo, pero no nos lo llegábamos a creer y ahora es posible que sea demasiado tarde. A quien no le guste la anchoa y tampoco el boquerón, frito, en vinagre o en cualquier otra modalidad, puede llegar a pensar que la historia no va con él, pero que no se engañe, dentro de poco, por lo que advierten algunos, puede ocurrirle lo mismo al rape, el gallo o la merluza.

 

Puesto que la mayoría de la población del planeta pasa hambre, lo lógico es pensar que la sobreexplotación de los recursos, incluidos los marinos, es una estupidez que sólo beneficia, y a muy corto plazo, a una minoría..

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