El
Observatorio
de Sostenibilidad de España ha elaborado un informe que analiza
la evolución y consecuencias del modelo de desarrollo socieconómico
en los recursos naturales y el patrimonio ecológico de todos los
ciudadanos. El documento subraya el importante ritmo de
crecimiento económico que se ha producido en los últimos años
en España, algo, en principio, positivo. El problema no es
crecer, sino cómo se produce este avance.
Destaca
el Observatorio algo que, por desgracia, no es noticia, porque no
es novedoso, que este crecimiento se basa en gran medida en un
modelo especulativo insostenible.
Entre
1990 y el año 2000 el suelo urbanizado aumentó un 26%,
consiguiendo levantar un muro de hormigón de un kilómetro de
ancho en la costa mediterránea. En la UE, el incremento medio fue
en el mismo periodo del 12%.
La
evolución del consumo de energía constituye otro ejemplo de
crecimiento irracional basado en una cierta percepción social de
que todo tipo desarrollo económico siempre genera riqueza y es
sistemáticamente beneficioso para todos. Una de las grandes
cualidades del informe es que deslegitima estas afirmaciones.
El
documento indica que mientras que el Producto Interior Bruto per cápita
aumentó en España un 25% en 10 años el aumento de las emisiones
de gases de efecto invernadero fue del 45%, mientras que la
población creció un 5% el suelo urbanizado lo hizo en un 26% y
mientras que en la UE la intensidad energética disminuyó un 1,3%
en España se incrementó en un 0,5%.
La
intensidad energética se refiere a la cantidad de energía que es
necesario consumir para producir un punto de PIB, lo que quiere
decir que en España se consume cada vez más energía, pero no
por ello se produce más o se crea más riqueza de forma
proporcional. También se puede decir de otra manera: el problema
no es únicamente que aumente de forma descontrolada el consumo,
es que, además, cada vez se consume de forma más ineficiente..
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