La columna verde

La deuda ecológica de las ciudades

Por Ricardo Aguilar (marzo 2003). Cada ciudadano de una urbe como Madrid consume diariamente 250 litros de agua, ocho kilos de materiales de construcción, tres litros de petróleo, dos kilos de alimentos y bebidas, 470 gramos de papel, 150 gramos de plásticos y 40 gramos de textil; y devuelve al medio 215 litros de aguas residuales, seis kilos de escombros, cinco kilos de sustancias contaminantes a la atmósfera, un kilo de residuos industriales y un kilo de basura doméstica.

La mitad de la población del planeta vive ya en ciudades y se espera que dentro de 10 años exista el doble de grandes urbes, incluyendo a más de 30 megalópolis que superarán los 10 millones de habitantes.

Esta gran concentración de personas en puntos muy determinados crea una gran dependencia del suministro diario de materias primas y productos naturales. Dado que las ciudades no pueden generar lo que necesitan para su desarrollo, la falta de autosuficiencia la palian introduciendo alimentos, agua, materiales, combustibles y energía del exterior. Lo cual debe hacernos pensar que el impacto de estos asentamientos humanos no se limita al espacio físico en el que se encuentran, sino que se extiende a su exterior, incluso a miles de kilómetros de distancia.

Por otra parte, la ciudad demanda todo un complejo conjunto de infraestructuras: una red de carreteras, ferrocarriles y pasillos aéreos que permitan abastecerla rápida y eficazmente, con lo que las cercanías se convierten en un entramado de vías que parcelan el medio y permiten el trasiego de millones de vehículos consumidores de energía y emisores de gases contaminantes; cañerías y tuberías que adentren en la ciudad el agua y la distribuyan por las viviendas; y otras muchas canalizaciones y sistemas de cableado para la electricidad, el gas o el teléfono.

Pero todos estos bienes que consumimos no sólo necesitan una vía de entrada, sino también otra de salida, una vez han sido transformados en basuras, residuos, aguas fecales o emisiones gaseosas que terminan en vertederos, ríos, mares, y atmósfera.

Las ciudades tienen una enorme deuda ecológica. Su existencia sólo es posible gracias al resto de ecosistemas y actividades que se encuentran fuera de ella y, por tanto, las instituciones públicas y cada uno de nosotros debemos corresponder con un consumo eficiente que evite el derroche, elimine la contaminación y minimice nuestro impacto.

Ricardo Aguilar Rubio es Divulgador Ambiental y uno de los impulsores del movimiento ecologista en España.  Antiguo Director de Campañas de Greenpeace y experto en cetáceos, Ricardo Aguilar, dirigio el Centro de Estudios del Medio Ambiente (CEMA) de la Fundación Hogar del Empleado (FUHEM y actualmente es: Director de Investigación y Proyectos de Oceana en Europa

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