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Por
Ricardo
Aguilar
Rubio
/
Oceana
(2004).-
El
salmón
es
un
gran
predador
marino
que,
si
lo
asimilamos
a
los
animales
terrestres,
ocuparía
el
lugar
de
un
zorro
o
un
lobo
en
la
cadena
trófica.
Esto
supone
que
debe
alimentarse
de
una
gran
diversidad
de
presas,
en
gran
parte,
herbívoras,
las
cuales,
por
su
dieta
tienen
menos
niveles
de
contaminantes.
Pero
según
pasamos
a
eslabones
más
altos
en
la
cadena
alimentaria,
los
contaminantes
se
van
bioacumulando
y
biomagnificando
hasta
alcanzar
niveles
peligrosos.
Los
salmones
de
piscifactoría
son
alimentados
con
piensos
elaborados
a
partir
de
harinas
de
pescado
de
pequeños
pelágicos
de
poco
valor
comercial,
como
el
lanzón,
el
espadín
o
el
capelán.
Estos
piensos
son
ricos
en
grasas,
para
permitir
un
crecimiento
más
rápido.
Y
es
exactamente
en
las
grasas
donde
se
concentran
muchos
de
los
contaminantes
organoclorados,
como
los
PCB’s,
las
dioxinas,
el
DDT,
el
mirex
o
el
tostafeno
que
han
sido
encontrado
en
tan
altos
niveles
en
el
estudio
realizado
por
científicos
norteamericanos
en
la
prestigiosa
revista
“Science”.
Este
estudio
no
sólo
nos
alerta
de
la
peligrosa
mezcla
y
cantidad
de
contaminantes
que
se
encuentra
en
los
salmones
que
consumimos
en
nuestros
hogares,
sino
de
la
alarmante
contaminación
que
sufren
los
mares,
ya
que
los
piensos
proceden
de
animales
pescados
en
nuestros
océanos,
donde
cada
año
se
vierten
millones
de
toneladas
de
contaminantes
de
todo
tipo.
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