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Por
Jose Santamarta. Los
diputados rusos han aprobado el proyecto de ley para ratificar el
Protocolo de Kioto, un paso histórico para combatir el cambio climático.
La Duma aprobó el proyecto de ratificación por 334 votos a favor, 73
en contra y dos abstenciones. El texto aún debe ser ratificado por la cámara
alta del Parlamento y por el presidente Vladimir Putin, que lo enviará
a la ONU, depositaria del tratado. La ratificación de Rusia será
oficial, y se hará efectiva tres meses después. El
Protocolo de Kioto entrará en vigor a principios de 2005. Hace varios años
algunos dijimos y publicamos que Rusia firmaría, cuando más cundía el
escepticismo, y los grandes contaminadores se frotaban las manos. El
tiempo nos ha dado la razón.
La
concentración de dióxido de carbono en la atmósfera terrestre el año
pasado llegó a su nivel más alto en al menos 420.00 años, y
probablemente el más alto en 20 millones de años. Las mediciones
tomadas en el observatorio de Mauna Loa, de
la Administración Nacional Oceánica
y Atmosférica en Hawai, mostraron que los niveles de CO2 habían
llegado a 376 partes por millón (ppm), un aumento de 2,5 ppm sobre el récord
previo, en 2002. El dióxido de carbono es el principal gas de
invernadero, y los datos de 2003 indican un aumento de 5 ppm desde 2001,
el mayor aumento jamás registrado. La entrada en vigor del Protocolo de
Kioto significará un punto de inflexión.
La comisaria de Medio Ambiente de la UE, Margot Wallstrom (nada que ver
con
la reaccionaria Loyola
de Palacio), celebró la votación descorchando una botella de champán
ruso y brindado con los periodistas acreditados en Bruselas. Además,
dará un impulso a las negociaciones internacionales sobre cambio climático
que se celebrarán en diciembre en Buenos Aires para fijar las próximas
etapas. “Es una recompensa al liderazgo de
la Unión Europea
”, se felicitó Wallstrom
al tiempo que agradecía el apoyo del presidente del Ejecutivo
comunitario, Romano Prodi, “cuando todo el mundo empezó a cuestionar
si Kioto entraría alguna vez en vigor”.
La ratificación de Rusia, aseguro Wallstrom, “incrementa la presión
sobre Estados Unidos”, el principal emisor de dióxido de carbono, que
se niega a ratificar el Protocolo. En opinión de Wallstrom, hay una
“conciencia creciente” entre los ciudadanos y las empresas
estadounidenses sobre los peligros del cambio climático tras las catástrofes
meteorológicas que han sufrido en los últimos meses, pero “llevará
tiempo” que se sumen a Kioto. El director del Programa de las Naciones
Unidas para el Medio Ambiente, Klaus Toepfer, indicó que “la lucha
contra el cambio climático se ha demorado demasiado tiempo, pero
finalmente ha superado el bloqueo.
¿Qué dirá ahora la dirigente del PP Loyola de Palacio, que hace unos
días se despidió diciendo que Kioto no entraría en vigor y que desea
la muerte de Fidel Castro, entre otras lindezas propias de la
ultraderecha? En el año 2001 George W. Bush decidió no ratificar Kioto,
y dado que es necesario que lo ratifiquen un mínimo de 55 países, y
que entre ellos sumen el 55% de las emisiones de los países ricos
(hasta ahora los países industrializados que han ratificado el
Protocolo suman el 44,2%, y Rusia sumaría otro 17,4%), la negativa
estadounidense en la práctica significaba que era necesario que el
Protocolo de Kioto fuese ratificado por la casi totalidad de los países
industrializados (los del Anexo I) para que entrase en vigor. El
Protocolo ya lo han ratificado 121 países.
El Protocolo de Kioto permite que los países industrializados puedan
vender y comprar derechos de emisión, tomando como referencia el año
base 1990. En 1990 aún existía la URSS, con unos consumos energéticos
enormes, y unas emisiones igualmente elevadas. La implosión posterior
cambió radicalmente la situación, y Rusia, Ucrania y el resto de los
países de
la antigua URSS
, podrán vender "derechos de emisión" a otros países
industrializados que superen los límites marcados por el Protocolo de
Kioto.
De
hecho Rusia esperaba vender esos derechos de emisión (el llamado
“aire caliente”) a Estados Unidos, pero la negativa de la
Administración de Bush a ratificar el Protocolo de Kioto le dejó sin
comprador, y el precio al que venderá su “aire caliente”, sin EE UU,
será muy inferior, por la simple razón de que habrá menos demanda de
toneladas de CO2.
El Protocolo de Kioto sigue vivo y acabará entrando en vigor, con todas
sus consecuencias. El cambio climático es un problema cada vez más
grave, como demuestran la sucesión de huracanes en el Caribe o la ola
de calor que afectó a Europa en 2003. Países como España tendrán que
hacer sus deberes, reduciendo las emisiones, que ya han aumentado en un
40,4% respecto a 1990 (un 25% más de lo que nos permite el Protocolo),
o pagaremos caro la inactividad desarrollada por el Partido Popular en
las dos últimas legislaturas. El nuevo gobierno del PSOE ya ha
elaborado un Plan Nacional de Asignación de derechos de emisión,
sensato y en la buena línea, aunque no gusta a la derecha económica y
política más reaccionaria.
El Protocolo de Kioto de diciembre de 1997 concluyó con la adopción de
un acuerdo de reducción de emisiones de gases de invernadero por los 38
países industrializados. En conjunto la reducción global acordada es
de un 5,2% para el conjunto de países industrializados. El Protocolo no
obliga en una primera fase a los países en desarrollo, dadas sus
reducidas emisiones por habitante.
La ratificación de Rusia es la mejor noticia para el medio ambiente en
los últimos años. La entrada en vigor del Protocolo de Kioto tarde o
temprano obligará a que Estados Unidos se comprometa también en la
lucha por reducir las emisiones de gases de invernadero. La ratificación
de Rusia ayudará a aumentar la presión sobre Estados Unidos, el gran
contaminador, pues con sólo el 4,4% de la población mundial emite el
25% de las emisiones mundiales.
La vía para solucionar el cambio climático pasa por aumentar la
eficiencia energética, crear y desarrollar los instrumentos económicos
adecuados (comercio de emisiones, fiscalidad ecológica, eliminación de
las subvenciones a los combustibles fósiles), y sobre todo desarrollar
las energías renovables. En el año 2040 el 50% del consumo mundial de
energía podría provenir de energías renovables, como se puso de
manifiesto en la Cumbre de Bonn (Alemania) hace unos pocos meses.
Al contrario de lo que defienden algunos sectores conservadores, no
necesitamos la energía nuclear. Con las energías renovables es más
que suficiente, para avanzar hacia un modelo energético descarbonizado,
sin emisiones de gases de invernadero, y basado en el hidrógeno y en la
electricidad como vectores energéticos secundarios. Porque el cambio
climático es un inmenso problema, pero también lo es la pobreza y la
necesidad de aumentar el nivel de vida de los países en desarrollo, y
la única manera de hacerlo sin dañar el clima es desarrollar las energías
renovables, como la eólica y
la solar. Si
vivimos lo suficiente, veremos los inicios de un mundo descarbonizado,
gracias a la eficiencia (hacer más con menos) y a las energías
renovables.
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