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Empresas
del automóvil, petroleras, países productores de crudo o de carbón.
El negocio de negar el cambio climático se acerca a su fin. Tal
vez demasiado tarde.
El
cambio climático a causa de las emisiones de gases de efecto
invernadero hoy, tras el IV Informe del IPCC presentado el pasado
mes de febrero en París, es una realidad aceptada por toda la
comunidad científica, e incluso por los responsables políticos.
Cierto que aún quedan algunos 'disidentes', siempre a sueldo de
las empresas que se verán perjudicadas por las medidas que habrá
que adoptar, pero la resistencia es cada vez menor y hoy no pasa
de anécdotas.
Pero
no siempre ha sido así, y volverá a suceder una y otra vez en el
futuro. Cada vez que ha surgido la preocupación sobre algún
problema ambiental, las multinacionales responsables y sus
representantes políticos conservadores, jaleados por numerosos
medios de comunicación, se han lanzado a una campaña de
intoxicación.
La
industria del tabaco durante décadas negó la relación con el cáncer,
y se opuso a cualquier medida encaminada a reducir el pernicioso hábito,
que tantos beneficios les ha proporcionado, a costa de nuestra
salud. Situación parecida se dio o se da con la industria
nuclear, el amianto, el PVC, los cultivos transgénicos, la
sobreexplotación pesquera, los monocultivos forestales, o el
urbanismo disperso y depredador del territorio. En 1975 se
relaciona la destrucción de la capa de ozono con los CFC, y la
reacción de la industria química y los gobiernos, sobre todo la
administración Reagan en EE UU, es la usual: primero se niega el
problema, luego se ridiculiza o se minimiza, y sólo se acaban
aceptando las medidas necesarias cuando el problema es acuciante y
más que evidente, el daño ya es considerable y la presión vence
cualquier resistencia.
Las
mismas empresas multinacionales que crean el problema, primero se
resisten y sólo ceden cuando otean nuevos negocios, sustituyendo
los productos que han creado por otros, en teoría menos dañinos,
como los sustitutos de los CFC. Con el cambio climático el
problema es infinitamente mayor que con los CFC, el DDT o los
transgénicos, porque afecta al núcleo del sistema económico, a
la energía que mueve toda la actividad económica y que ocasiona
las emisiones que contribuyen al cambio climático, un consumo
energético que en un 80% procede de combustibles fósiles, cuya
comercialización controlan unas pocas multinacionales y que
permiten que EE UU, con el 4,7% de la población mundial, emita el
25% del CO2. Estados Unidos, sus multinacionales, sus grupos de
presión y su clase política no están dispuestos, por ahora, a
adoptar medidas adecuadas a su responsabilidad histórica en las
emisiones que están ocasionando el cambio climático, lo que crea
un grave problema, no sólo ambiental, sino también ético y de
responsabilidad hacia quienes más sufrirán el cambio climático:
los pobres de la Tierra y las generaciones futuras.
Un
amplio conglomerado bien lubricado de 'científicos',
comunicadores y empresas de relaciones públicas como Burson-Masteller
se encarga de realizar una permanente labor de intoxicación de la
ciudadanía, para proteger los intereses de las empresas
responsables de la degradación ambiental, y en torno al 'negacionismo'
se ha creado toda una próspera industria de relaciones públicas
y cabildeo. La preocupación sobre el calentamiento global debido
a las emisiones humanas de dióxido de carbono y otros gases de
invernadero, como el metano y el óxido nitroso, se remonta a
1896, año en que el científico sueco Svante Arrhenius lo formuló
por primera vez. Cuando Arrhenius publica su primer cálculo sobre
el calentamiento global debido a las emisiones de CO2, el nivel de
CO2 en la atmósfera ascendía a 290 partes por millón (ppm). En
2006 ascendía a 380 ppm, un 40% más que a comienzos de la
revolución industrial, más que en los últimos 480.000 años, y
creciendo; de hecho, nadie espera que se estabilicen en una cifra
inferior a las 550 ppm.
La
ciencia sobre el cambio climático avanzó lentamente a lo largo
del siglo XX, y en 1988, año en que la Conferencia de Toronto
pide una reducción del 20% de las emisiones para 2005 respecto a
los niveles de 1988, era ya muy evidente la gravedad del problema.
Los hitos posteriores los conocemos: en 1992 se aprueba en Río el
Convenio Marco sobre el Cambio Climático, y en 1997 el Protocolo
de Kioto. ¿Quién y por qué se oponen? Se oponen las
multinacionales del petróleo y del automóvil, las empresas del
carbón y Australia (el mayor exportador de carbón), algunos países
de la OPEP como Arabia Saudí y, sobre todo, Estados Unidos,
primero con Bush padre y sobre todo con Bush hijo, pero la
presidencia de Clinton tampoco fue muy activa que digamos, aunque
al menos no mantuvo la retórica ultrarreaccionaria de los
republicanos. El núcleo que financió las campañas de intoxicación
fue la llamada Global Climate Coalition, además de otros
institutos ligados al núcleo duro de multinacionales como Exxon,
y con estrechas relaciones con la política estadounidense, y muy
especialmente el Partido Republicano.
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