La columna verde

¿Empresas sostenibles?
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CGO.jpg (703277 bytes)Por Cristina García Orcoyen para Infoecologia.

Las empresas tienen una clara responsabilidad con la sociedad: llevar a cabo su actividad empresarial de forma honesta, eficiente y coherente con sus valores corporativos. Hasta ahora nos hemos ocupado casi en exclusiva de los resultados económicos de las empresas, y muy poco de cómo la actividad empresarial en sí y los beneficios generados afectan a su entorno en un sentido amplio. Dicho de otra manera, hasta el momento apenas se ha discutido el papel de la empresa y su interacción con la política y la sociedad civil.

 

Sin embargo, desde hace algún tiempo se va abriendo camino un movimiento que supera el enfoque empresarial unidimensional, interesándose, además de por el beneficio, por el balance social y ambiental de sus actividades. De momento se observa más palabra  que acción, y como en todo, habrá que estar atentos para separar el trigo limpio del que no lo es; pero precisamente por eso es necesario reconocer los esfuerzos de los que lo hacen o intentan hacerlo mejor.

 

Pero que es realmente una empresa sostenible?  Es la empresa capaz de ir más allá de las metas tradicionales de la rentabilidad del activo financiero; la empresa que comprende y contribuye al éxito de la comunidad y del accionista, y que colabora en el mantenimiento de sus entornos culturales y naturales para que sean tan preciados como su cartera tecnológica y las capacidades de sus empleados.

 

Las empresas han sabido muy bien cómo interrogarse e interpretar los datos sobre su marcha económica. Sin embargo, es desde hace muy poco que han se han empezado a preguntar, a interpretar y a actuar ante cuestiones tales como las consecuencias de su actividad económica para las gentes que trabajan en la empresa,  los que viven en sus alrededores y los que, de una manera u otra, se ven afectados por sus actividades, es decir, para la sociedad.

 

La tendencia a situar un balance social junto a la cuenta de pérdidas y ganancias es muy reciente. Aunque hace mucho tiempo que se critican los impactos negativos humanos y sociales que provoca la economía -sobre todo las empresas y entre estas las multinacionales-, hemos debido esperar al siglo XXI para que ellas mismas se interesen por sus balances sociales.

 

La empresa que desee ser sostenible ha de preguntarse por las consecuencias de sus actividades económicas en el medio ambiente y por la forma en que éstas garantizan la  disponibilidad  futura de los recursos no renovables y la integridad ecológica de los renovables.

 

Si deseamos englobar todo en un solo concepto hablaremos de  empresa responsable o sostenible. Esto implica aceptar que la mayor contribución que podemos hacer al desarrollo  es dirigir nuestros negocios de forma que respeten las leyes, diseñar productos y servicios seguros, eficientes en su  relación coste beneficio, promover actividades que proporcionen trabajo y riqueza y que desarrollen estándares de actuación en áreas como el medio ambiente, la ética, el trabajo y los derechos humanos. Y hacer que la responsabilidad social de nuestra empresa pase de ser una actividad filantrópica a integrarse en el núcleo de nuestra estrategia y práctica corporativa.

 

Para ello habrán de implicarse activamente los directores, presidentes y los consejos de administración, ya que la experiencia nos demuestra que para que florezca la responsabilidad social en la empresa es imprescindible el liderazgo de sus órganos de gobierno. Los líderes empresariales han de ser capaces de demostrar a sus inversores que el desarrollo sostenible aporta valor a la compañía. Indices como el Dow Jones Sustainability evidencian un mejor comportamiento en los mercados de aquellas empresas que han introducido en su gestión criterios de sostenibilidad.

 

Sin embargo, la acción real es todavía pobre. Necesitamos mayor intensidad en el enfoque de las empresas hacia modelos más eficientes, innovadores y responsables; es necesario también un mayor apoyo por parte de los gobiernos a las mejores tecnologías disponibles, así como unos consumidores informados que con sus elecciones de compra  consoliden y legitimen una nueva forma de crear riqueza.

 

Cristina García-Orcoyen Tormo es Eurodiputada y Directora de la Fundación Entorno

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