|
La columna verde |
|
¿Empresas
sostenibles? |
|
Las
empresas
tienen
una
clara
responsabilidad
con
la
sociedad:
llevar
a
cabo
su
actividad
empresarial
de
forma
honesta,
eficiente
y
coherente
con
sus
valores
corporativos.
Hasta
ahora
nos
hemos
ocupado
casi
en
exclusiva
de
los
resultados
económicos
de
las
empresas,
y
muy
poco
de
cómo
la
actividad
empresarial
en
sí
y
los
beneficios
generados
afectan
a
su
entorno
en
un
sentido
amplio.
Dicho
de
otra
manera,
hasta
el
momento
apenas
se
ha
discutido
el
papel
de
la
empresa
y
su
interacción
con
la
política
y
la
sociedad
civil. Sin
embargo,
desde
hace
algún
tiempo
se
va
abriendo
camino
un
movimiento
que
supera
el
enfoque
empresarial
unidimensional,
interesándose,
además
de
por
el
beneficio,
por
el
balance
social
y
ambiental
de
sus
actividades.
De
momento
se
observa
más
palabra
que
acción,
y
como
en
todo,
habrá
que
estar
atentos
para
separar
el
trigo
limpio
del
que
no
lo
es;
pero
precisamente
por
eso
es
necesario
reconocer
los
esfuerzos
de
los
que
lo
hacen
o
intentan
hacerlo
mejor. Pero
que
es
realmente
una
empresa
sostenible?
Es
la
empresa
capaz
de
ir
más
allá
de
las
metas
tradicionales
de
la
rentabilidad
del
activo
financiero;
la
empresa
que
comprende
y
contribuye
al
éxito
de
la
comunidad
y
del
accionista,
y
que
colabora
en
el
mantenimiento
de
sus
entornos
culturales
y
naturales
para
que
sean
tan
preciados
como
su
cartera
tecnológica
y
las
capacidades
de
sus
empleados.
Las
empresas
han
sabido
muy
bien
cómo
interrogarse
e
interpretar
los
datos
sobre
su
marcha
económica.
Sin
embargo,
es
desde
hace
muy
poco
que
han
se
han
empezado
a
preguntar,
a
interpretar
y
a
actuar
ante
cuestiones
tales
como
las
consecuencias
de
su
actividad
económica
para
las
gentes
que
trabajan
en
la
empresa,
los
que
viven
en
sus
alrededores
y
los
que,
de
una
manera
u
otra,
se
ven
afectados
por
sus
actividades,
es
decir,
para
la
sociedad.
La
tendencia
a
situar
un
balance
social
junto
a
la
cuenta
de
pérdidas
y
ganancias
es
muy
reciente.
Aunque
hace
mucho
tiempo
que
se
critican
los
impactos
negativos
humanos
y
sociales
que
provoca
la
economía
-sobre
todo
las
empresas
y
entre
estas
las
multinacionales-,
hemos
debido
esperar
al
siglo
XXI
para
que
ellas
mismas
se
interesen
por
sus
balances
sociales. La
empresa
que
desee
ser
sostenible
ha
de
preguntarse
por
las
consecuencias
de
sus
actividades
económicas
en
el
medio
ambiente
y
por
la
forma
en
que
éstas
garantizan
la
disponibilidad
futura
de
los
recursos
no
renovables
y
la
integridad
ecológica
de
los
renovables. Si
deseamos
englobar
todo
en
un
solo
concepto
hablaremos
de
empresa
responsable
o
sostenible.
Esto
implica
aceptar
que
la
mayor
contribución
que
podemos
hacer
al
desarrollo
es
dirigir
nuestros
negocios
de
forma
que
respeten
las
leyes,
diseñar
productos
y
servicios
seguros,
eficientes
en
su
relación
coste
beneficio,
promover
actividades
que
proporcionen
trabajo
y
riqueza
y
que
desarrollen
estándares
de
actuación
en
áreas
como
el
medio
ambiente,
la
ética,
el
trabajo
y
los
derechos
humanos.
Y
hacer
que
la
responsabilidad
social
de
nuestra
empresa
pase
de
ser
una
actividad
filantrópica
a
integrarse
en
el
núcleo
de
nuestra
estrategia
y
práctica
corporativa. Para
ello
habrán
de
implicarse
activamente
los
directores,
presidentes
y
los
consejos
de
administración,
ya
que
la
experiencia
nos
demuestra
que
para
que
florezca
la
responsabilidad
social
en
la
empresa
es
imprescindible
el
liderazgo
de
sus
órganos
de
gobierno.
Los
líderes
empresariales
han
de
ser
capaces
de
demostrar
a
sus
inversores
que
el
desarrollo
sostenible
aporta
valor
a
la
compañía.
Indices
como
el
Dow
Jones
Sustainability
evidencian
un
mejor
comportamiento
en
los
mercados
de
aquellas
empresas
que
han
introducido
en
su
gestión
criterios
de
sostenibilidad. Sin
embargo,
la
acción
real
es
todavía
pobre.
Necesitamos
mayor
intensidad
en
el
enfoque
de
las
empresas
hacia
modelos
más
eficientes,
innovadores
y
responsables;
es
necesario
también
un
mayor
apoyo
por
parte
de
los
gobiernos
a
las
mejores
tecnologías
disponibles,
así
como
unos
consumidores
informados
que
con
sus
elecciones
de
compra
consoliden
y
legitimen
una
nueva
forma
de
crear
riqueza. |
|
Cristina
García-Orcoyen
Tormo
es
Eurodiputada
y
Directora
de
la
Fundación
Entorno
|
|
Estás en www.infoecologia.com |