La columna verde

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El cambio climático es el problema. El Protocolo de Kioto, el primer paso hacia la solución.

Por Mar Asunción / WWF.- Desde hace algunos meses los sectores empresariales llevan lanzando mensajes catastrofistas en los medios de comunicación sobre las implicaciones que, a su juicio, puede tener en su cuenta de resultados la Directiva Europea de Comercio de Emisiones de gases de efecto invernadero. Según análisis realizados por distintas fuentes, los sectores implicados (generación eléctrica, refino de petróleo, papel, siderurgia, cemento, cal, vidrio y cerámica) podrían exceder entre 110 y 157 millones de Toneladas de CO2 a las que les corresponderían de acuerdo con el compromiso de España bajo el Protocolo de Kioto, que supone no superar para 2010 en más de un 15% las emisiones que se producían en 1990.

 

Si dichos sectores no introducen medidas para reducir sus emisiones, significaría que tendrán que comprar en el mercado europeo de derechos de emisión a aquellos que hayan reducido más de lo tienen asignado y que, por tanto, tienen derechos para vender. El precio de la tonelada de CO2 dependerá del mercado, pero se estima que podría variar entre 11€ y 32 €, con lo que las empresas tendrían que desembolsar entre 1.200 y 5.000 millones de €. Ante esta situación, a la que se ha llegado no sólo por el mayor crecimiento económico de España respecto a otros países europeos, sino también por la falta de medidas tempranas de reducción de emisiones, los empresarios nos amenazan con la deslocalización industrial, pérdida de puestos de trabajo y  calidad de vida.

 

Desde WWF/Adena creemos que es posible, y absolutamente necesario, que España contribuya de manera decidida a la lucha contra el cambio climático, el principal problema ambiental del S.XXI, por sus importantes consecuencias ecológicas y económicas. Nos hablan de los costes de cumplir el protocolo de Kioto, pero no de los costes del cambio climático para un país como el nuestro al que ya están afectando olas de calor, desertización, inundaciones, incendios forestales, etc. Fenómenos que previsiblemente se agravarán si no llevamos a cabo medidas decididas para frenar el cambio climático. Tampoco nos hablan de cuánto costará la regeneración de playas que se vean afectadas por la subida del nivel del mar, los costes sanitarios que producen las olas de calor -además del daño incalculable de la pérdida de vidas humanas-, ni de las implicaciones que tendrán para el sector agrícola o turístico veranos tan cálidos como el pasado.

No es el momento de quejarnos por lo que va a costar a determinados sectores cumplir el Protocolo de Kioto. Es el momento de que todos, en la medida de nuestra responsabilidad y capacidades, nos pongamos manos la obra para asumir nuestro compromiso en la reducción de emisiones. De ahí la importancia de que los diversos sectores se impliquen.

De un lado, las empresas, que deben introducir medidas de eficiencia energética en sus procesos de producción, y en el caso del sector eléctrico sustituir el carbón por fuentes menos contaminantes (gas natural) y por energías renovables (eólica, biomasa, solar y minihidrúlica).


De otro, el gobierno, que ha de promover programas de gestión de la demanda que optimicen el consumo de energía en el sector residencial; potenciar el transporte público frente al vehículo privado y una ordenación territorial que disminuya la necesidad de desplazamientos; llevar a cabo una reforma fiscal que grave los combustibles fósiles e incentive medidas que disminuyan las emisiones. Asimismo, debe revisar leyes, planes y estrategias que implican aumento de emisiones. adoptar con rigor y en plazo Directivas Europeas como la de Comercio de Emsiones, establecer un Plan Nacional de Asignación que limite el reparto de derechos a los sectores afectados que no exceda lo que emitían en 1990 mas un incremento del 15%. Solo así se dará la señal correcta a las empresas para que se vean obligadas a reducir sus emisiones, ya que si no tendrán que comprar derechos.

Tampoco hay que olvidar a las administraciones locales, cuyo papel es dar ejemplo de ahorro energético en sus instalaciones (edificios bioclimáticos) y promover energías renovables. Igualmente, han de aprobar ordenanzas solares de obligatoriedad de instalación de paneles solares para agua caliente en todos los edificios de nueva construcción y rehabilitados.  Y sensibilizar a los vecinos de la necesidad de un uso racional de la energía.

Por último, citar a los ciudadanos, que tienen la obligación de estar atentos a no derrochar electricidad y luz en sus casas y oficinas; elegir productos eficientes (electrodomésticos, bombillas...), moderar el uso del automóvil, y demandar a las autoridades que tomen medidas contra el cambio climático.

Y, por favor, no nos confundamos: El Cambio Climático es el problema, y no el Protocolo de Kioto, que es el primer paso para la solución.

Mar Asunción es responsable del Área de Cambio Climático de WWF/Adena,

Puedes contactar en clima@wwf.es

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