La columna verde

Especialización Ambiental

Por Antonio Calvo Roy para Infoecología.

La épica del periodista, y aún la mítica, habla de un individuo valiente, capaz de escribir de cualquier cosa en cualquier lugar. Corresponsal de guerra en Jartum, cronista parlamentario en el Bundestag, experto en el Barrio chino de Tetuán o crítico literario de postín. Vamos, que vale igual para un barrido que para un fregado. Ese modelo, si es que ha existido, hace tiempo que ya no funciona. Ante lectores informados, los periodistas tienen la obligación de especializarse y los medios tienen el deber de contar con expertos en los distintos campos.

 

El periódico de los periódicos, el New York Times, tiene una docena de personas especializadas solo en ciencia, y, entre ellas, el que se ocupa de biotecnología es distinto del que sabe de astrofísica, que a su vez es distinto del que hace evolución. Claro que en el NYT tienen periodistas científicos desde hace 100 años, así que, ya se sabe, no jugamos en la misma división. De hecho, aquí sigue habiendo colegas que consideran que ocuparse un día del juzgado de Garzón y al día siguiente del Protocolo de Kioto es lo bueno y es lo que tiene que hacer un buen profesional. Pero, evidentemente, y ahí están la hemerotecas, en estos casos las metidas de pata son mucho más abundantes, la profundidad de la información, menor, y el tiempo de ejecución, mayor.

 

Así pues, es necesario especializarse. Eso no quiere decir, desde luego, que uno tenga que estar siempre haciendo deportes, por ejemplo, pero los cambios no son de un día para otro. Y eso exige, por supuesto, prepararse para la especialización, conocer las peculiaridades de cada rama. En este sentido, las diversas asociaciones sectoriales de periodistas, los sanitarios, los económicos, los científicos y, más recientemente, los ambientales, están organizado cursos de especialización, en un buen número de casos en colaboración con universidades que pueden o no tener facultad de ciencias de la información.

Si es cierto, como escribió Arcadi Espada, que “ninguna batalla de la contemporaneidad se vive fuera de los medios”, esto cobra especial relevancia en las batallas ambientales.

 

Durante las cincuenta horas del curso los alumnos asistirán a las clases impartidas, sobre todo, por periodistas que llevan a cabo su trabajo en medios de comunicación (radio, tv, periódicos, agencias y revistas) y en gabinetes de comunicación, además de asistir a prácticas de televisión, radio y prensa. Desde luego, no se trata de fabricar periodistas en dos semanas, pero sí de que estos jóvenes sepan cómo funcionan los medios, cómo reaccionan a los mensajes, qué trayecto sigue la información desde la fuente hasta el lector y, en definitiva, cuales son los entresijos de este cuarto poder, que le dicen.

 

Además del curso de la UAM, hay varios más, organizados por universidades, por la propia APIA y por otras personas. Como dice don Quijote de los libros, todos son buenos o, mejor, ninguno será completamente malo o dejará de tener algo de provecho, por pequeña que sea la ayuda en este camino de la especialización necesaria; necesaria, sí, aunque sin perder nunca la visión global que, en el caso de lo ambiental es mucho más importante.

Antonio Calvo Roy