La columna verde

Naturaleza, utopía y socialismo

Por Ángel Requena Fraile (abril 2003). La búsqueda de un ambiente saludable donde pueda desarrollarse una vida humana plena y feliz es tan larga como la historia. Los orígenes de la medicina encuentran con Hipócrates y la escala de Cos (siglo V a.n.e.) tanto una base ética no superada (juramento hipocrático) como una serie de tratados entre los que destaca Aires, aguas y lugares. La armonía del ser vivo con su entorno como anhelo es una constante que se olvida por periodos y que vuelve a renacer con fuerza conforme los hombres y las mujeres van extendiendo sus vidas en el tiempo.

Periodos oscuros, renacimientos, propuestas de avance e involuciones van continuándose hasta llegar a la revolución industrial y la ilustración.

La edad de la razón es un nuevo humanismo. El genero humano, primero con la revolución agrícola, con la metalurgia y después con el maquinismo dispone de instrumentos para gobernar sus propias vidas. El hombre obtiene su libertad en competencia con la naturaleza; parece que liberarse de la tiranía del medio es el objetivo. Han caído reinos más poderosos: a través de la ciencia y la técnica los hombres imponen sus reglas, la naturaleza se doblega.

La modernidad se ha ido construyendo rompiendo cadenas. La revolución inglesa del XVII primero y la francesa de 1789 después van con sus ideales abriendo caminos. La libertad como esencia del ser humano. No hay barreras que no puedan ser superadas: el romanticismo con toda su carga de individualismo muestra unos héroes que todo lo pueden y, en última instancia, disponen de sus vidas.

En la concepción de la naturaleza como algo de lo que servirse no hay diferencia entre los que defienden la sociedad mercantil o industrial capitalista de la de sus críticos: los bienes naturales pueden ser objeto de cualquier explotación mientras produzcan beneficios. La innovación científico-técnica va produciendo cada vez mejores instrumentos para hacer posible la explotación.

El socialismo moderno en su forma dominante –la marxista- es hijo avanzado de la ilustración. El paradigma del dominio del hombre sobre la naturaleza a través de la ciencia impregna su visión del mundo. La degeneración en el régimen soviético es quizá quien mejor lo ilustra: el héroe soviético estajanovista es el nuevo demiurgo, un creador y un profeta de una humanidad liberada del reino de la necesidad.

Sin embargo hay interesantes excepciones. Autores entre iluminados y soñadores que son capaces de anticipar lo que será la ecología política a fines del siglo XX.

Charles Fourier es una figura en ascenso del período napoleónico (1772-1837). Un socialista utópico, que todavía venerable viejecito buscaba el generoso mecenas que desarrollara sus falansterios.

Esas comunas naturalistas donde emergería una nueva humanidad para tener 70.000 años de armonía. La civilización no había hecho felices a los hombres y había marginado a las mujeres, el falansterio liberaría a los seres humanos de su condena. La ciencia social necesitaba su Newton o su Leibniz. Dios ha dispuesto… que la teoría del movimiento universal fuese descubierta por un hombre iletrado: será un encargado de almacén el que confundirá todos esas bibliotecas políticas y morales fruto vergonzoso de las charlatanerías antiguas y modernas.

Charles Fourier no deja de ser una figura pintoresca y sus teorías más próximas a los sueños de un demente incontrolado y místico. Pero sus anticipaciones apasionadas no dejarán de sorprender a la ciudadanía de hoy. Los anhelos de felicidad, de explicación, de búsqueda generosa y de propuesta, todavía pueden conmovernos. Y entre su actualidad se encuentra el respecto por la naturaleza: no dominarle despóticamente porque su abuso lo esteriliza. Así Fourier establece entre las cuatro causas de declive de una civilización, en primer lugar, la ruina de los bosques, las fuentes y las montañas y en segundo el deterioro del clima.

Pero si Fourier es un autor iluminado, William Morris (1834-1896) es un respetado socialista, poeta, diseñador y emprendedor inglés. Marxista y dirigente político pudo combinar su militancia con su movimiento "Arts and Crafts" que está en las raíces del movimiento moderno. Este socialista no podría conformarse con el cambio social, aspiraba a la belleza: el industrialismo acababa con la artesanía, conformaba la creatividad hasta asfixiarla.

Morris escribió "Noticias de ninguna parte" subtitulada "Capítulos para una novela utópica". Esta sorprendente novela de 1890, traducida al castellano ya en 1903 por un tipógrafo socialista, nos muestra de forma espléndida los ideales de un luchador y pensador ejemplar: cuando el autor se despierta del sueño se encuentra el agua del Támesis limpia, redes para pescar los salmones y la desaparición de las fábricas contaminantes… y además un bello puente construido en el 2003.

¿Cómo podía saber William Morris que en algunas Agendas XXI, surgidas de la Cumbre de Río, iban a utilizarse las penetraciones de los salmones en los ríos como un indicador de la limpieza de las aguas?

Si el bello puente del 2003 marca la fecha por una plena preocupación por los límites del planeta, Morris fue un gran profeta.

¡Qué mejor homenaje en el centenario de la edición española de "Noticias de ninguna parte" que la irrupción de la ecología política en Madrid!

Ángel Requena Fraile
Cabeza de lista de L@s Verdes en las elecciones autonómicas de la Comunidad de Madrid