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La columna verde |
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El Cabo de Gata |
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No soy un experto, ni siquiera tengo espíritu ecologista. Pero a veces la realidad es tan brutal, tan criminal con el entorno que se me engorda la sangre en las venas, como decía el poeta. Eso me ha sucedido este verano en el Parque Natural del Cabo de Gata. Tengo que confesar aquí y ahora que las arideces del paisaje de este parque natural no son mis preferidas, me gusta más el verde de los Picos de Europa o de Monfragüe, pero sobre gustos dicen que no hay nada escrito.
Pase una semana de vacaciones en Garrucha, más que nada por disfrutar de la playa. Un día salí de excursión con el coche para conocer los alrededores. El primer golpe me lo llevé a la salida de Carboneras (localidad excluida del parque por su central térmica) en dirección a Mojácar. Un enorme complejo residencial, en el que se anuncia la venta de apartamentos ¡tríplex!, se está construyendo como un mamotreto indecente sobre uno de los altos cerros que descienden hacia el mar.
Varios kilómetros más adelante, dentro del Parque Natural, hay una playa preciosa y solitaria conocida como El Algarrobico. Tiene varios cientos de metros de largo, quizá hasta un kilómetro... No sé. Está ceñida por los cerros oscuros y pelados característicos de este paisaje. Pues bien, en el cerro central, el más alto, que domina la playa, están construyendo un hotel gigantesco, tendido sobre la ladera. Nadie duda que se construye con todas las bendiciones legales, cómo va a ser de otra manera. Pero si es legal tiene todavía más delito porque ello significa que las autoridades han permitido tal acto de ¿terrorismo ecológico?
Una vez más, la especulación, el dinero y el aprovechamiento económico de hasta de la última piedra se anteponen a la salvaguardia de uno de los pocos lugares vírgenes que quedan en la zona. Dan ganas de llorar al contemplar semejante fechoría desde el mirador que hay en la carretera un poquito más adelante. Por curiosidad he buscado en Internet información sobre El Algarrobito. “Playa virgen”, la describe la web www.parquenatural.com.
Tendrán que modificar el texto por “playa violada”. Estas construcciones tan agresivas, sin embargo, no las veo por primera vez. En Gran Canaria son habituales. Allí, los recónditos acantilados del sur, surcados por profundos barrancos, van siendo poco a poco urbanizados. Se construyen edificios enormes, aferrados a las laderas, en los que el acceso principal está en el piso superior y después se desciende, no en ascensores corrientes, sino en una especie de vagonetas que corren por gruesos carriles de acero. No faltan la pequeña playa artificial e, incluso, el puerto deportivo. En pocos años la voracidad urbanizadora habrá completado toda circunferencia de la isla. ¿Qué se les ocurrirá entonces? Miedo da pensarlo. |
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Francisco
Galván escritor y periodista
de la Agencia EFE, obtuvo el
Premio Ateneo Ciudad de Valladolid en 2002 con su novela "Cuando el
cielo se caiga" publicada por la editorial Algaida. Para contactar con el autor: frangalvan@eresmas.com |