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Una "quedada" para limpiar el Deltebre

F. Galvan firmando en la Feria del LibroPor Francisco Galvan, para Infoecologia.

El verano pasado estuve de vacaciones en el cabo de Gata y aproveché para escribir en esta web sobre la tragedia de la playa del Algarrobico, donde se construye un absurdo y gigantesco hotel. Para las vacaciones de este año 2005 elegí otro parque natural, el Delta del Ebro y, desgraciadamente, tengo que volver a pasarme por este espacio para lamentarme amargamente.

Salí de Madrid con mi familia y unos amigos el 13 de agosto camino de la urbanización Riumar, en la localidad de Deltebre (Tarragona), donde habíamos alquilado un apartamento a través de internet. Como queríamos evitarnos posibles atascos en las autovías, hicimos caso de los consejos de la Dirección General de Tráfico y tomamos una ruta alternativa por carreteras de Guadalajara y Teruel. 

 

No nos arrepentimos. Además de disfrutar de un paisaje fantástico apenas hallamos coches por el camino. Claro que el susto nos lo llevamos al llegar a la urbanización, en el mismo Parque Natural, junto a la playa: el paseo marítimo estaba colapsado por coches que hacía sonar el claxon, furgonetas en las que viajaban grupos de jóvenes (y no tan jóvenes) arrojando agua a los viandantes y motociclistas cuyo mayor afán era crear estrépito y hacer “caballitos”. Estaban de fiesta, naturalmente, como el resto de España en esas fechas de la Virgen de Agosto. A nosotros, que buscábamos tranquilidad, playa y naturaleza, se nos quedó cara de palo ante semejante despliegue de energía festivalera. Afortunadamente, el jolgorio pasó como una nube de langosta y no volvió a repetirse. Supongo que emigrarían a otros pueblos con más marcha. Lo ignoro y tampoco me preocupé de averiguarlo.

La urbanización Ruimar, como digo, pertenece al municipio de Deltebre y está junto a una playa más que aceptable, muy próxima a lo que llaman el Garxal, una zona de anidamiento de aves con una laguna formada por las aguas del Ebro en la que pudimos contemplar una colonia de flamencos entre otras especies.

Pues bien, a la agradable sorpresa de hallar una playa en la que no había que pedir permiso para sentar tus reales (algo sorprendente en esa fechas en Cataluña), se añadió el lamentable descubrimiento de que el terreno que linda con el Garxal, acotado con una simple cuerda sujeta con palos clavados en el suelo, no lo limpia nadie y, por ende, está lleno de porquería. Botes de cerveza, cartones, latas de todos los tamaños, plásticos, preservativos y todo lo que se le pueda imaginar a una mente con ganas de ensuciar allí estaba presente. Una sombrilla vieja aguantó por allí tirada, junto a un tronco de árbol podrido y unos plásticos, todos los días que acudimos a pasear. Daba la sensación de ser uno de esos cubículos que los mendigos se fabrican para pasar la noche en algunas esquinas de nuestras capitales.

 

 Es una pena que el tramo de playa más frecuentado se limpie a diario, pero no se haga lo mismo con la parte que linda con el Garxal. Esta zona del litoral, de más de un kilómetro de largo y pocos metros de ancho, al estar encajonada entre el mar y el parque, es ideal para bañarse con tranquilidad (la mayoría de la gente prefiere quedarse cerca del chiringuito), para pasear, para observar a las aves o para pescar, aunque algunos aficionados a la caña tiene la mala costumbre de dejar tirados allí mismo toda clase de desperdicios que, insisto, nadie recoge.

A la vista de que aquí al incivismo de la gente se une la desidia de la Administración, que no limpia, me atrevo a proponer algo para resolver el problema: una «gran quedada», como se dice ahora, para que entre todos, tanto los que se divertían echando agua a la gente como los vecinos de Deltebre, se reúnan junto al Garxal a recoger la basura que tanto afea las inmediaciones del parque natural. Lo agradecerán todos, desde las aves hasta los servicios de limpieza, que haberlos, hailos (que yo los vi)

 
Ver artículo del Cabo de Gata

Francisco Galván  escritor y periodista de la Agencia EFE, obtuvo el Premio Ateneo Ciudad de Valladolid en 2002 con su novela "Cuando el cielo se caiga" publicada por la editorial Algaida. 

En 2001 gano el Premio Diablo Cojuelo de Novela Picaresca de Ecija (Sevilla) con "El rabo del diablo", su segunda novela publicada, y es autor de "Las esmeraldas de Cortés".

Acaba de publicar "De buitres y lobos", su cuarta novela. Editada por Algaida

Para contactar con el autor: frangalvan@eresmas.com

Actualizado el: 06/10/2007
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