"El abejaruco"

Madrid, Una sección de Javier Rico para Infoecología, Febrero de 2006

 Bienvenidos, abejarucos

Durante esta temporada de otoño-invierno he visitado los humedales costeros de Cantabria (Oyambre, Liencres, Santoña), las graveras del sureste madrileño (lagunas de Velilla de San Antonio y del Campillo) y hasta los barrancos, embalses, salinas y charcas intermareales de Fuerteventura, en Canarias. Antes de que acabe el invierno seguro que cae en el zurrón algún paisaje acuático más con la sana intención de disfrutar del avistamiento y observación de la tropa con alas que realiza la invernada en España.

Ánades, ánsares, cormoranes, gaviotas, porrones y limícolas como archibebes, chorlitejos o zarapitos me alegran sobremanera la vista y llenan parte de mi ocio y el de mi familia. Es más, no por que acabe la invernada dejaremos de salir y disfrutar del relevo ornitológico que se avecina, el que se da cita en primavera y se queda en territorio español para criar y sacar adelante a su progenie. Entre sus integrantes está el protagonista del nombre de esta columna, el abejaruco, posiblemente el ave más bella que recala en nuestro país, con su librea de colores amarillos, azules, verdes y marrones repartidos entre el plumaje. Le buscaremos entre los escasos encinares de relieve que resisten en la provincia de Madrid y en otros de Ávila, Toledo, Salamanca y Cáceres.

Sí, viene de África. Y posiblemente de Nigeria, donde han muerto aves de corral infectadas por el virus H5N1, el que provoca la gripe aviar. Ni lo he  tenido ni lo tendré en cuenta a la hora de acercarme todo lo que la prudencia me dicte para no molestar a ésta y otras aves. ¿Inconsciente? No lo sé, simplemente me parece un desaire que encima que al abejaruco o a la carraca (de similar trasiego migratorio y colorida librea) les estemos cercando mediante el robo y fragmentación de sus hábitats, el envenenamiento de sus presas con pesticidas y plaguicidas, la persecución y caza directa y el atropello en carretera (el año pasado recogí varios cadáveres en la calzada) no salgamos a demostrarles nuestro afecto, reivindicar su presencia en la naturaleza y denunciar su progresiva disminución. Todo por miedo a una enfermedad que, sin quitarle la importancia que tiene y la necesidad de atajarla, ha contagiado y matado a los humanos en casos de exposición permanente, cercana (a veces casi familiar) e insana a aves de granja y corral, pollos y patos normalmente. Uno de los humedales citados anteriormente, el de Santoña, fue uno de los proscritos en España con la llegada del otoño. “18 humedales españoles serán zonas de riesgo de gripe aviar”, se podía leer en titulares allá por octubre y noviembre. En letra más menuda se decía en que consistía el riesgo: se prohibía la cría de aves al aire libre en un radio de 10 kilómetros en torno a esas zonas húmedas. Me temo que si de por sí somos poco dados a dejarnos ver, prismáticos en ristre o simplemente de paseo, observando el paisaje, su flora y su fauna, titulares como el referido quitaron aún más las ganas.

En un momento de histrionismos y paroxismos varios recomiendo relajarse con salidas  al campo y, llegada la primavera, dar la bienvenida al abejaruco y a la carraca. Y al milano negro y la golondrina, y a los árboles que se empiezan a cargar de hojas y los arbustos de flores. Esperemos que antes caigan unas cuantas (muchas) gotas de agua, que la falta de ella también es muy preocupante.

Javier Rico se dedica al periodismo ambiental desde 1989. Nacido en Madrid hace 38 años, es colaborador de El País para temas ambientales. 

Ha sido director de las revistas La Tierra y de Biológica y sus trabajos se pueden ver tanto en los principales diarios nacionales como en las revistas especializadas. 

Es Premio Doñana 2005 en la modalidad de mejor reportaje por un trabajo en El País dominical y Premio de Reportaje de la Fundación Biodiversidad 2006

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