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¿Para
cuando una advertencia en la publicidad de automóviles del tipo:
“el coche mata”, “conduce con moderación, es tu
responsabilidad” o “las autoridades ambientales advierten que
la emisión de gases contaminantes de este coche perjudica
gravemente la salud de las personas y del entorno”? Esta
ultima afirmación no es fruto del tremendismo. La Comisión
Europea reconoce que la contaminación atmosférica provoca la
muerte prematura de 310.000 ciudadanos europeos al año, 14.000 de
ellos españoles.
El
tráfico, junto a las centrales térmicas y la industria son los
principales causantes de esta derrama humana. Si a estas cifras le
sumamos los más de 5.000 fallecidos anuales en accidentes en España
y se apostilla que la mayoría están provocados por imprudencias
de los conductores los eslóganes reseñados se arman de sentido
común. Luego queda la discusión de si serán o no serán
efectivos. Discutamos hasta cansarnos pero ¡basta ya de presentar
a estas máquinas como atractivos objetos de lujo y comodidad!
De
momento la industria automovilística y afines (la petrolera, por
ejemplo) no quieren saber nada de enmendarles la plana ambiental
en sus campañas de publicidad. Ya incumplen de manera flagrante
el Real Decreto 837/2002 que les obliga a que en los impresos de
promoción y folletos publicitarios de los vehículos los datos
sobre consumo de combustible y emisiones de CO2 aparezcan en tamaño
tan destacado como el de la principal información. Todo lo
contrario, los mensajes publicitarios siguen en la línea de
primar lo estético y lo veloz.
¿Han
visto ese anuncio televisivo en el que la gente de una ciudad se
queda pasmada ante la estela de humo dejada por lo que,
aparentemente, parece un avión, pero es un coche? ¿A qué
velocidad debe ir en plena travesía urbana para dejar ese rastro
humeante? ¿Saben sus fabricantes y los creativos del spot que en
ciudad no se puede circular a más de 50 km/hora? Claro que lo
saben, como que tampoco se puede circular a más de 120 y sin
embargo sacan al mercado modelos que marcan en el cuentakilómetros
el doble.
Sólo
la velocidad segó la vida de 1.111 personas en 2003. Y de 40
millones de animales, según datos de la Sociedad para la
Conservación de los Vertebrados. Habría que añadir aquí la
responsabilidad en la construcción de tramos viarios que invaden
espacios naturales especialmente sensibles, incluidos los del
lince ibérico. Queda claro, el coche mata. Hasta al felino más
amenazado del mundo.
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