"El abejaruco"

Madrid, Una sección de Javier Rico para Infoecología, Abril de 2005

 El coche mata

¿Para cuando una advertencia en la publicidad de automóviles del tipo: “el coche mata”, “conduce con moderación, es tu responsabilidad” o “las autoridades ambientales advierten que la emisión de gases contaminantes de este coche perjudica gravemente la salud de las personas y del entorno”? Esta ultima afirmación no es fruto del tremendismo. La Comisión Europea reconoce que la contaminación atmosférica provoca la muerte prematura de 310.000 ciudadanos europeos al año, 14.000 de ellos españoles.


 El tráfico, junto a las centrales térmicas y la industria son los principales causantes de esta derrama humana. Si a estas cifras le sumamos los más de 5.000 fallecidos anuales en accidentes en España y se apostilla que la mayoría están provocados por imprudencias de los conductores los eslóganes reseñados se arman de sentido común. Luego queda la discusión de si serán o no serán efectivos. Discutamos hasta cansarnos pero ¡basta ya de presentar a estas máquinas como atractivos objetos de lujo y comodidad!

De momento la industria automovilística y afines (la petrolera, por ejemplo) no quieren saber nada de enmendarles la plana ambiental en sus campañas de publicidad. Ya incumplen de manera flagrante el Real Decreto 837/2002 que les obliga a que en los impresos de promoción y folletos publicitarios de los vehículos los datos sobre consumo de combustible y emisiones de CO2 aparezcan en tamaño tan destacado como el de la principal información. Todo lo contrario, los mensajes publicitarios siguen en la línea de primar lo estético y lo veloz.

 

 ¿Han visto ese anuncio televisivo en el que la gente de una ciudad se queda pasmada ante la estela de humo dejada por lo que, aparentemente, parece un avión, pero es un coche? ¿A qué velocidad debe ir en plena travesía urbana para dejar ese rastro humeante? ¿Saben sus fabricantes y los creativos del spot que en ciudad no se puede circular a más de 50 km/hora? Claro que lo saben, como que tampoco se puede circular a más de 120 y sin embargo sacan al mercado modelos que marcan en el cuentakilómetros el doble. 

 

Sólo la velocidad segó la vida de 1.111 personas en 2003. Y de 40 millones de animales, según datos de la Sociedad para la Conservación de los Vertebrados. Habría que añadir aquí la responsabilidad en la construcción de tramos viarios que invaden espacios naturales especialmente sensibles, incluidos los del lince ibérico. Queda claro, el coche mata. Hasta al felino más amenazado del mundo.

Javier Rico se dedica al periodismo ambiental desde 1989. Nacido en Madrid hace 38 años, es colaborador de El País para temas ambientales. 

Ha sido director de las revistas La Tierra y de Biológica y sus trabajos se pueden ver tanto en los principales diarios nacionales como en las revistas especializadas. 

Es Premio Doñana 2005 en la modalidad de mejor reportaje por un trabajo en El País dominical y Premio de Reportaje de la Fundación Biodiversidad 2006

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