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El
viajero que pasee por las sofisticadas ciudades de la Costa Azul se
encontrará en sus tiendas de turistas con un souvenir poco común: jabón.
No delicados y perfumados diseños de cosmética francesa, sino toscos
bloques de una materia ocre y cerosa que, en el mejor de los casos,
adquiere graciosa forma de cubo regular de aspecto deliberadamente rústico,
con pintorescas inscripciones labradas en sus caras: savon de Marseille,
60% huile d’olive... y cosas así. Es el célebre jabón de Marsella,
que últimamente tanto se anuncia como componente indispensable en
cualquier detergente, lejía o fregasuelos de postín.
Lejos
de los malabares comerciales de la industria de la limpieza o de los lujos
solariegos de la Costa Azul, nos encontramos con una realidad más rústica,
ecológica y entrañable: la producción tradicional del jabón a partir
del aceite de freír. Eulalia y Manolo, un matrimonio octogenario de un
pequeño pueblo al sur de La Mancha, elaboradores infatigables de muchos
productos tradicionales para el consumo propio y, entre ellos, del jabón
de Marsella o jabón de sosa, como lo llaman allí, nos han contado la fórmula
de este medio tradicional de reciclaje de aceite.
Este
matrimonio de pueblo, como muchísimos otros de toda la geografía española,
es de una generación en la que términos como ecología, medio ambiente o
reciclaje no se habían inventado, y apenas los comprenden, de hecho. No
obstante, reciclan sin parar. Y es que, para los de aquella generación,
tirar algo “que aún vale” es poco menos que inconcebible. Éste es el
caso del aceite de freír; y ésta es la historia de cómo un deshecho que
acabaría en la basura (no han oído hablar de puntos limpios) o, lo que
es peor, en el desagüe, termina convertido en jabón y detergente ecológicos
en lugar de andar por ahí contaminando aguas.
El
producto básico: jabón de sosa
Cualquiera
de pueblo sabe lo que es y, por suerte, muchos saben elaborar tan sencillo
y útil producto.
Ingredientes
(en proporción):
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4
litros de aceite sobrante de freír,
-
4
litros de agua, y
-
1
kilo de sosa cáustica en escamas (hidróxido de sodio sólido con
riqueza del 99 al 100%; se adquiere en cualquier droguería en bolsas
de 1 kilo).
Pasos
a seguir:
-
En
un recipiente se vierten los 4 litros de agua y se disuelve 1 kilo de
sosa. ¡Cuidado! Esta solución es como la lejía: quema y es algo más
corrosiva que la lejía común; conviene manipularla con precaución.
Los envases suelen advertir de quemaduras, uso de guantes para
manipularla y protección de ojos y cara. El consejo de los jaboneros
es que, además de las protecciones habituales, se vierta la sosa poco
a poco y sin salpicar en el recipiente que ya contiene el agua; al
verterla, el agua parece hervir y despide un vapor de olor fuerte e
irritante, por lo que es conveniente realizar la operación en un
lugar abierto o al aire libre y remover con un palo largo, de modo que
se pueda manipular y remover a cierta distancia y no se aspire el
vapor. Es necesario remover durante 15 a 20 minutos para conseguir que
toda la sosa se disuelva en el agua. El aspecto después de disolver
es el de agua clara.
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Cuando
la sosa se ha disuelto bien, se añaden despacio y removiendo los 4
litros de aceite. Sirve cualquier aceite alimenticio: oliva, girasol,
de freír, de conservas en aceite... Basta con colar los residuos y
restos sólidos para que el jabón quede limpio.
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Se
remueve durante 30 a 45 minutos, hasta conseguir una pasta homogénea
y viscosa. Como ocurre con la mayonesa, se debe girar a ritmo continuo
y en un único sentido para que la pasta no se corte. En algunas
ocasiones hay que añadir algo de agua y, en rarísimas ocasiones,
algo de aceite para conseguir una pasta homogénea.
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El
resultado es una crema densa y caliente (la reacción química de
formación del jabón genera algo de calor). La crema debe verterse en
los moldes que darán forma final al jabón o en un recipiente
rectangular que permita después hacer tacos o pastillas. A gusto del
consumidor.
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El
resultado se deja reposar durante toda la noche.
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Al
día siguiente, cuando se ve que la pasta ha cuajado, se saca del
recipiente, ya en forma de jabón sólido pero blando, y se corta en
tacos que se dejan secar en un lugar fresco. Es importante cortar
ahora el jabón en los trozos finales que se deseen, ya que su
consistencia en estos momentos es la del turrón blando; después,
transcurridos unos días, el jabón estará muy duro y será muy difícil
de cortar.
Una
nota de ánimo. Las primeras veces que se intenta, se suele fracasar, ya
que al jabón, como a la cocina, hay que cogerle el punto. Puede fallar
porque no se remueva suficientemente o con suficiente “gracia”, o
porque haga demasiado calor, lo que retrasa el proceso de solidificación
y, en lugar de jabón, se obtiene un gel que con suerte sirve para lavar y
quitar manchas. La mejor época es el invierno, en concreto, los días
soleados y fríos, en los que el proceso se puede hacer al aire libre y el
frío propicia un secado rápido. En cualquier caso, conviene no
desesperar ya que, una vez cogido el truco, la producción es
decididamente sencilla.
Un
producto algo más complejo: el detergente a base de jabón de sosa
Este
otro producto y su elaboración no son tan conocidos ni pertenecen al
saber popular; por suerte, nuestros intrépidos jaboneros consiguieron la
fórmula magistral por boca de no se qué prima de una cuñada de la
vecina de...
Ingredientes
(en proporción):
-
4
litros de aceite sobrante de freír,
-
4
litros de agua,
-
1
kilo de sosa cáustica en escamas,
-
750
gramos de perborato blanqueador (se vende con este nombre en droguerías;
se trata de perborato sódico tetrahidrato puro al 98% o superior),
-
2
sobres de 10 gramos de azulete (se vende con este nombre y en paquetes
de 10 ó 12 sobres de 10 gramos en las droguerías; es biodegradable),
-
1
vaso de suavizante (sirve cualquiera no concentrado), y
-
½
caja de detergente de 650 gramos (sirve el detergente tanto de lavado
a mano como a máquina, y se puede elegir uno sin fosfatos o con el mínimo
contenido de componentes contaminantes).
Para
este proceso se requiere un recipiente con más capacidad que la que
ocupan los productos a utilizar, ya que la mezcla puede crecer.
Pasos
a seguir:
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Disolver
la sosa en el agua, con las precauciones ya descritas, hasta que se
diluya totalmente.
-
Añadir
el aceite y remover durante unos 5 ó 10 minutos. No hay que conseguir
todavía la mezcla final.
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Previamente
se deben haber mezclado el resto de ingredientes sólidos (polvos) en
una bolsa: perborato, azulete y detergente. Algunos envases de
perborato (no todas las marcas) advierten de que éste puede irritar
los ojos. Conviene, en cualquier caso, tratar la bolsa de polvos con
cuidado.
-
Añadir
la bolsa de polvos a la mezcla líquida y seguir removiendo. Después
de remover durante unos minutos, añadir el vaso de suavizante.
-
Remover
durante 10 minutos.
-
Dejar
reposar entre 15 y 20 minutos y volver a remover. Si la pasta ha
adquirido aspecto de gelatina o mousse, remover con más fuerza para
romper el gel.
-
Repetir
esta operación dos o tres veces más.
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La
mezcla final, con aspecto de gelatina semirrígida y desmoronada, se
debe esparcir sobre un plástico lo más extenso posible, desmoronando
aún más los trozos de detergente, aún húmedo.
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Se
deja reposar durante una noche para que los trozos de detergente
endurezcan y sequen.
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Una
vez duro, el detergente se cubre con algo limpio y se pisa para que se
desmenuce y se pulverice.
-
Para
conseguir un producto totalmente pulverizado, se sigue un proceso
repetitivo de pisado, desmenuzado y cribado.
El
detergente, que tiene más probabilidades de éxito en su elaboración que
el jabón, requiere, no obstante, una buena dosis de paciencia, ya que el
proceso final de pulverizado y cribado puede requerir todo un día de
trabajo si se quiere conseguir un buen detergente en polvo.
Aunque
aquí se ha descrito íntegramente la fórmula y proceso utilizados por
Eulalia y Manolo, nuestros jaboneros, es posible que algunos componentes
cumplan sólo una misión estética, y puedan ser eliminados en aras de
conseguir un producto mucho más ecológico. Es probable que el azulete y
el suavizante tengan la función de dar al producto final buen color y
buen olor, respectivamente, sin participar gran cosa en el objetivo final,
que es limpiar. El paquete de detergente podría tener una utilidad
parecida, pero se desconoce.
Ventajas
Estos
dos productos son un ejemplo más del reciclado tradicional de residuos
domésticos muy contaminantes. Cabe pensar que los resultados del proceso
de reciclaje: jabón y detergente, también son contaminantes. Sin duda lo
son, salvo que con este proceso, se consiguen unos productos de limpieza
que se hubiesen adquirido y utilizado en cualquier caso, con las
siguientes ventajas:
a)
Se retira el aceite del circuito de residuos.
b)
Ni el jabón ni el detergente resultantes tienen fosfatos u otros
aditivos contaminantes, salvo los imprescindibles para realizar la labor
de limpieza para la que se elaboran estos productos. Téngase en cuenta
que el componente más susceptible de contener contaminantes es el
detergente original, del que se usan 325 gramos; lo que supone alrededor
del 3% en peso del producto final. Si el detergente original contuviese,
por ejemplo, un 5% de fosfatos, el detergente final contendría un
0,15%. Aunque incluso esta cantidad de contaminantes se puede evitar
utilizando como base un detergente más ecológico.
c)
El jabón de sosa es un quitamanchas excepcional. Manchas difíciles,
puños de camisas, etc. no requieren lejía si son frotados con el jabón
antes de la colada.
d)
Y lo más importante: la dosis de detergente que se utiliza es
mucho menor que con cualquier producto comercial. Debe utilizarse más o
menos la mitad; de otro modo, la espuma se saldrá de la lavadora. Si
esta dosis mínima es más o menos contaminante que la dosis mayor de
producto comercial, es algo que tanto los jaboneros como el autor
desconocen.
Sólo
una nota curiosa más en defensa del jabón reciclado. Manolo usa el jabón
de sosa para lavarse el pelo, e insiste en que es lo que mejor se lo deja.
A sus 81 años, luce una espléndida cabellera, a pesar de que ésta no ha
conocido provitaminas de oxígeno activado, extractos de yoyoba limonera
ni oligoesferas de criptonita... ¿Será que no es de quedarse calvo o que
de verdad funciona el jabón de aceite de freír papas? Que lo
digan los científicos.
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