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Con
inmersiones desde el Ranger,
la organización internacional para la conservación de
los mares estudia el impacto de los arrastreros que faenan
ilegalmente en aguas de
Mallorca y otras áreas del Mediterráneo Oceana
muestra imágenes de la colocación de arrecifes artificiales
por la Generalitat Valenciana para
evitar la destrucción de Posidonia
oceanica
A
bordo del catamarán Ranger,
investigadores de la organización internacional Oceana, dedicada
al estudio, conservación y recuperación de los ecosistemas
marinos, han estudiado durante la pasada semana distintas zonas de
la plataforma continental de la Isla de Mallorca para comprobar el
impacto causado por los barcos de arrastre que faenan ilegalmente
tanto en esta isla como en otros lugares del Mediterráneo.
El
objetivo de estas investigaciones es hacer el seguimiento de las
barreras de arrecifes artificiales ya instaladas contra este tipo
de pesca y evaluar la conveniencia de apoyar e impulsar nuevos
proyectos de este tipo.
Los
buceadores de Oceana han llevado a cabo sus inmersiones desde el
catamarán Ranger. Es
el primero de los proyectos que esta organización pone en marcha
en el Mediterráneo desde que, el pasado día 25, la embarcación
llegase al puerto de Palma tras una expedición transoceánica de
seis meses de duración, que ha llevado al Ranger
desde Los Ángeles (California) a las Islas Baleares.
La
legislación española prohíbe a los barcos de arrastre que
faenen a menos de 50 metros de profundidad, para preservar los hábitats
de Posidonia oceanica
y otros frágiles ecosistemas marinos de alta biodiversidad que
actúan, además, como áreas de reproducción y cría de
numerosos animales marinos, incluidos peces que posteriormente son
objeto de explotación comercial.
Los
biólogos de Oceana coinciden con muchos otros investigadores
de distintas universidades y de institutos científicos en
que el límite establecido por la ley es demasiado permisivo, y
que en realidad el impacto de la pesca de arrastre debería ser
eliminado de toda la plataforma continental, que se extiende hasta
los 200 metros de profundidad.
“Sin
embargo, incluso la
tolerante legislación existente es incumplida por
los barcos arrastreros. Con motores de potencias mucho mas altas
que las declaradas y permitidas por la ley, los barcos de pesca de
arrastre, con sus pesados aparejos cargados de puertas de metal y
cadenas para ‘arar’ el fondo marino se introducen dentro de
las zonas prohibidas y destruyen los valiosos ecosistemas costeros.
Hay que poner fin a esta violación impune de la ley”,
afirma el Director para Europa de la
organización conservacionista.
Los
científicos de Oceana han tenido oportunidad de observar, en
trabajos realizados por sonar de barrido lateral por encargo del
Govern Balear, como las cicatrices dejadas por los artes de
arrastre en la bahía de Palma se sitúan hasta los 28 metros de
profundidad. Los investigadores han podido comprobar que los
pesqueros sólo se han detenido ante la presencia de cuatro
barreras de arrecifes artificiales, formados por cerca de 200 módulos
instalados hace cerca de dos décadas a profundidades inferiores a
estas, frente a Cala Blava y el Cap Enderrocat.
Los
módulos con los que se crean los arrecifes artificiales anti
arrastre son pesadas estructuras de hormigón, dotadas de unos
salientes en los que quedan enganchadas las redes de los barcos
que pretenden pescar en las áreas protegidas. Su utilización se
ha generalizado con éxito desde los años 80 como una alternativa
a la incapacidad de la administración de llevar a cabo de forma
eficaz la vigilancia de las zonas de pesca prohibida, y para
contrarrestar la picaresca de los patrones de los barcos
arrastreros, experimentados en burlar impunemente los intentos de
las patrulleras de inspección pesquera.
Los
buceadores de Oceana han podido también documentar gráficamente
una zona de la costa oriental de la isla de Mallorca, Santanyi,
donde los arrastreros se acercan a unas decenas de metros de la
costa para calar sus artes a profundidades tan someras como los 20
metros.
El
Govern Balear, siguiendo iniciativas como las puestas en marcha
hace unos años en la Bahía de Palma y como las llevadas a cabo
por la Generalitat de Cataluña,
la Junta de Andalucía y la Generalitat Valenciana
-esta ultima recientemente al norte de la reserva de la Isla de
Tabarca-, tiene previsto ubicar en esa zona un campo de arrecifes
artificiales anti-arrastre, formada por tres barreras conteniendo
un total de dos centenares de módulos.
Oceana
considera muy positiva esta iniciativa del Govern Balear y piensa
debe extenderse a muchos otros lugares del Mediterráneo, mientras
se avanza en la eliminación de la pesca de arrastre o en su
restricción a lugares muy específicos en los que se pueda
demostrar que su impacto sobre los ecosistemas marinos es mínimo.
A
bordo del catamarán Ranger,
investigadores de la organización internacional Oceana, dedicada
al estudio, conservación y recuperación de los ecosistemas
marinos, han estudiado durante la pasada semana distintas zonas de
la plataforma continental de la Isla de Mallorca para comprobar el
impacto causado por los barcos de arrastre que faenan ilegalmente
tanto en esta isla como en otros lugares del Mediterráneo.
El
objetivo de estas investigaciones es hacer el seguimiento de las
barreras de arrecifes artificiales ya instaladas contra este tipo
de pesca y evaluar la conveniencia de apoyar e impulsar nuevos
proyectos de este tipo.
Los
buceadores de Oceana han llevado a cabo sus inmersiones desde el
catamarán Ranger. Es
el primero de los proyectos que esta organización pone en marcha
en el Mediterráneo desde que, el pasado día 25, la embarcación
llegase al puerto de Palma tras una expedición transoceánica de
seis meses de duración, que ha llevado al Ranger
desde Los Ángeles (California) a las Islas Baleares.
La
legislación española prohíbe a los barcos de arrastre que
faenen a menos de 50 metros de profundidad, para preservar los hábitats
de Posidonia oceanica
y otros frágiles ecosistemas marinos de alta biodiversidad que
actúan, además, como áreas de reproducción y cría de
numerosos animales marinos, incluidos peces que posteriormente son
objeto de explotación comercial.
Los
biólogos de Oceana coinciden con muchos otros investigadores
de distintas universidades y
de institutos científicos en que el límite establecido por
la ley es demasiado permisivo, y que en realidad el impacto de la
pesca de arrastre debería ser eliminado de toda la plataforma
continental, que se extiende hasta
los 200 metros de profundidad.
“Sin
embargo, incluso la
tolerante legislación existente es incumplida por
los barcos arrastreros. Con motores de potencias mucho mas altas
que las declaradas y permitidas por la ley, los barcos de pesca de
arrastre, con sus pesados aparejos cargados de puertas de metal y
cadenas para ‘arar’ el fondo marino se introducen dentro de
las zonas prohibidas y destruyen los valiosos ecosistemas costeros.
Hay que poner fin a esta violación impune de la ley”,
afirma el oceanógrafo el director para Europa de la
organización conservacionista.
Los
científicos de Oceana han tenido oportunidad de observar, en
trabajos realizados por sonar de barrido lateral por encargo del
Govern Balear, como las cicatrices dejadas por los artes de
arrastre en la bahía de Palma se sitúan hasta los 28 metros de
profundidad. Los investigadores han podido comprobar que los
pesqueros sólo se han detenido ante la presencia de cuatro
barreras de arrecifes artificiales, formados por cerca de 200 módulos
instalados hace cerca de dos décadas a profundidades inferiores a
estas, frente a Cala Blava y el Cap Enderrocat.
Los
módulos con los que se crean los arrecifes artificiales anti
arrastre son pesadas estructuras de hormigón, dotadas de unos
salientes en los que quedan enganchadas las redes de los barcos
que pretenden pescar en las áreas protegidas. Su utilización se
ha generalizado con éxito desde los años 80 como una alternativa
a la incapacidad de la administración de llevar a cabo de forma
eficaz la vigilancia de las zonas de pesca prohibida, y para
contrarrestar la picaresca de los patrones de los barcos
arrastreros, experimentados en burlar impunemente los intentos de
las patrulleras de inspección pesquera.
Los
buceadores de Oceana han podido también documentar gráficamente
una zona de la costa oriental de la isla de Mallorca, Santanyi,
donde los arrastreros se acercan a unas decenas de metros de la
costa para calar sus artes a profundidades tan someras como los 20
metros.
El
Govern Balear, siguiendo iniciativas como las puestas en marcha
hace unos años en la Bahía de Palma y como las llevadas a cabo
por la Generalitat de Cataluña,
la Junta de Andalucía y la Generalitat Valenciana
-esta ultima recientemente al norte de la reserva de la Isla de
Tabarca-, tiene previsto ubicar en esa zona un campo de arrecifes
artificiales anti-arrastre, formada por tres barreras conteniendo
un total de dos centenares de módulos.
Oceana
considera muy positiva esta iniciativa del Govern Balear
y
piensa debe extenderse a muchos otros lugares del Mediterráneo,
mientras
se avanza en la eliminación de la pesca de arrastre o en su
restricción a
lugares muy específicos en los que se pueda demostrar que su
impacto sobre
los ecosistemas marinos es mínimo.
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