11:50 p.m. del jueves 21. Suena el despertador de mi móvil y salto como un rayo de la cama. Es mi primera guardia a bordo y quiero estar a la altura. Me pongo el forro polar, por si hace frío, me ajusto la linterna a la frente y cuelgo del cuello los prismáticos. Antes de salir al puesto de mando, Carlos y yo nos ponemos el chaleco de maniobra con un arnes de seguridad. " El chaleco lleva incorporado un dispositivo que, en caso de caer al agua, se hincha, manteniéndote a flote y marcando tu posición con una luz ". ! Ufff, es un alivio saberlo !!! Está prohibido salir a cubierta sin él y, por mi parte, solo espero no tener que probarlo. Ambos estamos listos para relevar a Indi, el cocinero y a Jose, marinero y dive-master. Su guardia ha sido tranquila y espero que la nuestra resulte igual. ! Vamos allá !
12:00 p.m. Durante las guardias hay que otear el horizonte con regularidad, en proa, popa, a babor y estribor para comprobar que ningún otro barco se interpone en nuestro avance. Este es el primer paso. El segundo es verificar el radar, que marca nuestra trayectoria y la presencia de posibles obstáculos.
1:00 a.m del viernes 22. El catamarán de Oceana va, literalmente, como un tiro. Me acuerdo de lo que nos dijo Nuño hace unos días, que el Ranger, diseñado especialmente para la navegación transoceánica, es muy recio. También a Carlos ya le he oido varias veces que es un barco " muy noble ". Desde mi bisoñez como grumete, yo diría que tiene un movimiento " bonito ". Siento que el Ranger se desliza suavemente, ondulando al compás de las olas, como si nos estuviera meciendo en una cuna. " Afloja las rodillas y dejate llevar por este movimiento rítmico ", me aconseja Carlos para prevenir un posible mareo. Dicho y hecho. Parece que da resultado. " Es el swing del barco ", apostilla mi compañero de guardia con una sonrisa de complicidad.
|
|
 © OCEANA / Paloma Larena
|