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Arantza,
voluntaria en Costa da Morte, cuenta a InfoEcología la desigual lucha |
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Costa da Morte, febrero de 2003.- Hacía años que no veía el fuerte y verde Atlántico, tantos como los que llevaba sin visitar mi añorada Galicia. A primera vista, mirando la mar desde lo alto, parecía que no había pasado el tiempo, que no había pasado nada, que A Costa Da Morte seguía llena de vida. Las olas seguían siendo tan impresionantes y potentes como las gentes que luchan contra la desesperación de ver su costa muerta.
Y todo empezó
a pasar tan rápido que hasta después de un rato no me percaté de que
varios fuertes marineros, acompañados de algunos voluntarios, llenaban
sin descanso, cesto tras pesado cesto, de un pringoso galipote que a una
velocidad de vértigo nos ofrecían dos fuertes mariscadoras para que se
los pasáramos a otras dos que estaban apenas dos metros más
arriba. El tercer día fue el más impresionante, bajamos por un acantilado hasta una gruta donde se habían metido, no se, toneladas, era tremendo. A la gruta accedieron varios fornidos muchachotes, protegidos con máscaras, pues los gases que se concentraban eran irrespirables, y así cesto a cesto subimos por entre las verticales rocas infinidad de fuel, no podía ni creérmelo; allí estuvimos dos días sacando chapapote como locos. Menos mal que el intenso trabajo apenas permitía pensar, mejor, me hubiera derrumbado, todavía lo recuerdo y se me pone la piel de gallina. Es terrible y tremendamente doloroso ver como en un lugar pleno de vida apenas hace dos meses, hoy no queda nada. Porque, amigos, en los cinco días que he estado en Corme no he visto ni un solo pez o cangrejo vivo, ni tan siquiera hay mubles en el puerto, mubles que por ejemplo en la ría de Bilbao, era lo único que se veía cuando esta era el vertedero de toda la industria del Gran Bilbao. Todos han huido o han muerto. Creo que todos hemos llegado un poco "tocados" de Galicia. Como dijo Manolo Rivas "Temos esa substancia viscosa metida en cada poro da alma e do corpo". Yo sigo muy triste. Pero mi tristeza no me impide gritar "NUNCA MÁIS" con una gran bandera que he puesto en mi balcón. Y es que "Recorda rapaz : ¡¡¡ Hai esperanza se hai rebeldía !!!" Arantza |
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