La Isla de Pascua

Madrid, julio de 2005

Por Marta Benito desde Chile para Infoecología

La Isla de Pascua siempre ha estado rodeada de misterio, como tantas otras regiones habitadas por civilizaciones hoy extintas, pero curiosamente los “Rapa Nui”, como se denomina a los que por muchos siglos habitaron la isla en solitario, no están extintos, quedan unos pocos, muy mezclados con otras etnias polinésicas y, definitivamente, muy maltratados.

¿Por qué no nos cuentan entonces de qué se trata todo?, ¿quién fabricó los famosos “Moais”?, esas fascinantes estatuas de piedra, cuya mirada furiosa y vigilante intimida, muy viva todavía; ya que ni el constante viento salado, siempre reinante, ni los meses de lluvias que se han repetido por centurias la han podido apaciguar o mermar en algún grado. ¿Cómo los desplazaron desde la cantera a la posición actual? ¿Qué significan? ¿Qué están mirando?

Pues no nos lo cuentan sencillamente porque no quieren, porque no les interesamos demasiado, y porque por primera vez en mucho tiempo hoy pueden hacer lo que les da la gana, porque ya no son esclavos de nadie, y es más, ya hace casi sesenta años que son considerados incluso ciudadanos. Por casualidad, ciudadanos chilenos, como podían haberlo sido de cualquier otro país, sin que supusiera mayor diferencia, pues ellos hacen su vida y las leyes chilenas no importan mucho.

Aún hoy es posible reconocer esa mirada en los ojos de los Rapa Nui, unos ojos enormes, negro sobre blanco y sobre negro otra vez. Un contraste que llega a dar miedo, ojos que han visto ya demasiadas atrocidades desde que aquel maldito día del año 1722 una flotilla holandesa bajo las órdenes del capitán Roggeveen arribó a la única playa de la isla, Anakena.

No voy a relatar ahora todas las barbaridades cometidas por los “civilizados europeos” tras ser descubierta la isla, basta con decir que los que sobrevivieron a los tiroteos y violaciones fueron tomados como esclavos para trabajar en los campos de algodón de Perú, que les llevaron la lepra y otras enfermedades, o que la isla fue alquilada para pasto de 60.000 ovejas que la arrasaron; para hacerse una idea.

Por eso que los ojos de los Rapa Nui no son alegres, no tienen por qué hacerse los simpáticos con nosotros “los del conti”, como dicen ellos, refiriéndose a Chile, claro. Para ellos somos todos “turistas”, y así nos denominan en toda ocasión, con un cierto tonillo peyorativo. No fue fácil confiar en lo que venía de afuera, tenemos que entender que el turismo llegó hace muy poquitos años atrás por una línea aérea que comenzó a detenerse allí para repostar camino a Papeete. Pero como buenos isleños no pueden evitar sentir curiosidad por todo lo que viene de afuera, y a veces se relajan, se sientan a tu lado y te dan cháchara, te preguntan todo lo preguntable y se ríen, con su boca desdentada, ¡por fin una sonrisa!, qué reconfortante. 

Pero esta pequeña y curiosa isla, la más remota del mundo, nombrada hace pocos años Patrimonio de la Humanidad, está muy dejada de la mano de Dios, de los dos, del suyo (hombre pájaro o “tangata manu”) y del nuestro; seguramente tendrán cosas más importantes que hacer. Y es que, para rematar una serie de infortunios, tuvieron la mala suerte de caer en manos de un país que, lejos de ser opulento, todavía tiene demasiadas cosas que mejorar en el conti y llevar materiales a la isla sale muy caro. Por esto los Moais y otros sitios arqueológicos de la isla están sin vigilancia, en la noche principalmente, vulnerables a los caprichos de cualquier insensato.

Completamente abandonados a su destino, los componentes de un “Ahu” (cementerio rectangular sobre el que se coloca un Moai por cada linaje del pueblo en cuestión) pasan la noche solitos, sin luz, sin vayas protectoras, apenas un cartel chiquitito que casi no se ve y reza: “No subirse al Ahu”. La mayoría de la gente no lo ve, los que lo ven no lo leen, y los que lo leen no tienen ni idea de qué es un Ahu, y por supuesto se suben para hacerse la consabida foto bien abrazados a la barriga del Moai más simpático. Ya que Chilito no puede con todo, y que se trata de un patrimonio de la humanidad, alguien debería prestar un poco más de atención a esta joyita, antes de que algún desaprensivo le aplique un graffiti, como ya lo hizo algún marinero ocioso, seguramente por el mil ochocientos, con las herramientas del momento.

Recomiendo sobremanera la lectura del libro “Sombras sobre Rapa Nui” de Hermann Fischer, para conocer más de la historia de esta gente tan particular y, por supuesto, recomiendo la visita a la isla, ojalá con delicadeza, para que poco a poco cambiemos la desconfianza por dulzura en la mirada de los Rapa Nui.

Rapa Nui

Ojo de Moai

Playa de Anakena

Mapa de la Isla de Pascua

Hombre pájaro

Ahu de Tongariki

Graffiti

Marta Benito es geóloga. 

Las fotografías han sido tomadas por ella misma. El mapa de la Isla de Pascua ha sido realizado por GISCONSULTORES (www.gisconsultores.cl)

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