ECOTURISMO

Botargas, bolos y cabrito a lo breve
ARQUITECTURA NEGRA, AL COBIJO DEL OCEJÓN

Madrid, mayo 2003 (Texto y fotos de Julio Fernández Fernández)

Los Pueblos de la "Arquitectura Negra", los también denominados Pueblos Negros, se localizan en la provincia de Guadalajara, justo en las estribaciones de la Sierra del Ocejón o del Robledal. Esta cadena montañosa arranca en el alto de la Venta de la Vieja, al norte de la población de Majalrayo, extendiéndose en dirección sur.

La puerta de entrada natural a los Pueblos Negros es la localidad de Tamajón. En esta ciudad las en las construcciones se utiliza principalmente la piedra caliza y los techos de teja. Entre sus edificios más destacables se encuentran la Iglesia Románica, el Palacio de los Mendoza perteneciente al Plateresco del s. XIII, y los restos de un castillo de origen árabe conocido como el Castillejo. 

En las proximidades del municipio y en dirección a Majalrayo existe un paraje adornado por interesantes formaciones de roca caliza, semejante a una pequeña ciudad encantada. 

Allí se halla la Ermita de la Virgen de los Enebrales. Virgen que según afirman las supersticiones aldeanas, está siempre dispuesta para ayudar a quien se lo pida, o castigar al que la ofenda. Por ello, unos ladrones que robaron en la Ermita, en su huida terminaron despeñados en un barranco próximo. ¿Quizás de ahí venga la frase que dice, fíate de la Virgen y no corras?


El Ocejón es el pico más emblemático de la zona, su pétreo porte y su cima situada a 2.048 metros, le convierten en una privilegiada y espectacular atalaya, que destaca sobre las demás cumbres de su entorno.

A su alrededor se aprietan un puñado de localidades serranas, que han conservado su ancestral y rústica fisonomía arquitectónica, basada en la utilización de la roca de pizarra para la construcción de sus calles y casas. Este mineral, con su característico color negro, impera en los inmuebles que componen el casco urbano de estos pequeños poblados. Las austeras aldeas, se mimetizan con el entorno en perfecta simbiosis, conformando un elemento más del paisaje, sin distorsionar la perfecta armonía de esta silvestre naturaleza.

Los antiguos arquitectos rurales, en alguna ocasión quebraron la oscuridad de las opacas viviendas, mediante unas piedras blancas incrustadas en las fachadas, que dibujan una pequeña cruz en la pared.

Se trata de una región que hasta no hace muchos años se encontraba casi aislada, debido a la precariedad de las vías de acceso, acentuada al máximo por el extremo rigor de los inviernos. Tan notorio fue su aislamiento, que incluso se ha utilizado para anuncios publicitarios de gran éxito. Quien no recuerda aquel anciano que relataba aquello de: "Y dice usted que el Real Madrid otra vez Campeón de Europa...". El paisano en concreto era nativo de esta serranía, la singularidad de la comarca impregnaba cada austero recoveco de sus gestos y de su entrañable voz. El turismo rural vino a rescatar del olvido estas joyas rurales, sus gentes, sus costumbres y sus tradiciones.

Municipios emblemáticos
A los mismos pies del Ocejón, y situadas una en cada vertiente de la montaña, se encuentran las localidades de Majalrayo y Valverde de los Arroyos, los municipios más emblemáticos de la Arquitectura Negra. Una muestra de los atávicos ritos etnográficos que perduran en la región, es la fiesta de la Octava del Corpus. En Valverde de los Arroyos diez días después del Corpus, ocho danzantes ataviados con trajes ancestrales (s. XVII) acompañados por el Botarga, bailan con palos y cintas ante el Santísimo, al ritmo de la dulzaina y el tambor. Por su parte en Majalrayo, se celebra la fiesta del Santo Niño el primer domingo de Septiembre, con danzantes que recorren el pueblo, vestidos con trajes típicos y acompañados por el Botarga, un popular personaje que enmascarado y vestido con cencerros y esquilas, y armado con artesanas cachiporras persigue a las mozas y chiquillería.

Valverde de los Arroyos perteneció en el s. XIII al Señorío de Galve y compite en cuanto a representatividad y belleza con Majalrayo. Los bucólicos edificios de la población suelen adornar sus hermosas balconadas con vistosas flores. En la Plaza Mayor aun existe una parcela señalada para la práctica del tradicional juego de bolos, y otros deportes rurales como la Calva, la Barra, el Chito o la Burria.

Majalrayo se encuentra a orillas del río Jaramilla, su casco urbano sorprende por lo cuidado de su fisonomía urbana, en concordancia con los cánones de la construcción autóctona. Su nombre parece ser que deriva de Majada del Rayo, denominación que se debe al hecho de que un rayo impactó en una majada de pastores. En esta aldea podemos degustar el Cabrito a lo breve, así denominado por lo poco que dura en el plato. De las afueras de la villa, en la ladera de la montaña, parte una senda, que en dirección Este trepa hasta la cumbre del Ocejón por la Peña de Bernardo y el Ocejoncillo. La travesía puede durar unas 3 horas.

Muy cerca se encuentra la localidad de Campillo de Ranas, en la se puede realizar un escueto paseo, que permite contemplar la Plaza, la Iglesia y un curioso reloj solar que resiste el paso del tiempo suspendido de una ruinosa pared. Otros pueblos cercanos son Campillejo, Espinar, Palancares y Almiruete, los cuales completan este ramillete de urbes de la Arquitectura Negra.

Visita obligada en Valverde de los Arroyos es la Chorrera de Despeñalagua, una catarata de unos 120 m. de caída, que surge de las de cristalinas y frías aguas del Arroyo de la Chorrera, procedentes de las nieves y manantiales de las laderas del Ocejón y el Campachuelo. 

 

Desde Valverde de los Arroyos se distingue a la derecha del Ocejón y al fondo del valle, el paredón por donde se descuelga la bellísima Chorrera de Despeñalagua. La senda parte de la Plaza de la villa con rumbo Oeste. Al abandonar el núcleo urbano encontramos una explanada que se utiliza como campo de fútbol y era. En su extremo localizamos una amplia vereda que nos conduce en dirección a la base del salto de agua, sorteando en alguna ocasión una pequeña acequia y dejando a nuestra izquierda el Arroyo de la Chorrera, que discurre aderezado por grandísimas matas de brezo, por el fondo de la garganta hasta la catarata. En media hora más o menos llegamos al grandioso despeñadero de agua, colgado entre las vertientes del Ocejón y el pico Campachuelo.

Rumbo al Ocejón

Si queremos ascender a la cima del Ocejón, disponemos de dos opciones. La primera es trepar desde la base de la cascada por la pared izquierda, buscando los hitos (difíciles de seguir) que marcan una imperceptible vereda que escala la ladera de la Loma de la Pineda, sorteando con cierta dificultad los tojos y maleza que puebla el monte. La cima del Ocejón permite orientar fácilmente nuestra senda. Tupidas alfombras de gayuba, duras, brillantes y de verdes hojas, cubren las estribaciones del Ocejón. Al alcanzar el collado, enormes lajas de pizarra se afilan contra el cielo, desde aquí seguimos la cuerda de la montaña en con rumbo sur por las pétreas tapias hasta la cumbre.

Por fin alcanzamos el blanco pilote del vértice geodésico que marca la cima. El regreso se hace por el Barranco y Arroyo de la Pineda, descendiendo sobre un canchal de deslizantes placas de pizarra hasta topar con la espesa manta de gayuba, sesgada por multitud de trochas que van confluyendo al centro del valle en un solo camino. Cruzamos el Arroyo de la Chorrera sobre la cascada y cambiamos de vertiente para conectar con el camino de Valverde a la Chorrera que finalmente nos guía hasta el pueblo. La ruta puede durar en total unas 4 horas, dependiendo de nuestra preparación física ya que el ascenso es exigente.

La segunda alternativa quizá resulte más cómoda y consiste en llegar al Pico del Ocejón por el sendero descrito anteriormente para regresar desde la cima por el Barranco de la Pineda.

Pueblos de Leyenda

Según una leyenda de la comarca "El último día de la creación, cuando ya no quedaba casi luz, Dios hizo estos pueblos, por ello la oscuridad". Lo cierto es que se trata de una oscuridad realmente bella, entrañable, acogedora, aderezada por el fresco aire serrano impregnado del olor meloso del brezo y arrullado por el rumor de los cristalinos arroyos montañeses, todo ello dominado por el soberbio Ocejón. En definitiva, un inmejorable marco para disfrutar de la más genuina y abrupta naturaleza en su estado puro, con un sabor añejo magníficamente conservado.

CÓMO LLEGAR:

  1. N.I por Torrelaguna-Casa de Uceda-Puebla de Beleña -Tamajón-Almiruete-Valverde de los Arroyos.

  2. N.II por Guadalajara-Cogolludo-Tamajón-Almiruete-Valverde de los Arroyos.

CARTOGRAFÍA:  

Mapa del S.G. del ejército E. 1:50.000, 20-18 (459).

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