Un
estudio de expertos de las Universidades Complutense y Autónoma
realizado en Madrid señala que las superaciones en las
concentraciones del ozono troposférico en el
aire van asociadas a un incremento en los ingresos en urgencias de
los hospitales por enfermedades respiratorias y cardiovasculares.
Las investigación que han llevado a cabo en la ciudad de Madrid
los científicos Julio Díaz, del Departamento de Física del
Aire, de la Complutense, y Cristina Linares, del de Medicina
Preventiva, en la Autónoma, determina que "existe una
concentración media diaria que marca un umbral a partir del cual
niveles superiores comienzan a tener influencia sobre la
salud".
En Madrid este umbral es próximo
a los 40 microgramos metro cúbico (ug/m3) y muestra que un
incremento de 25 ug/m3 sobre este nivel "se traduce en un
aumento del 12 por ciento en la mortalidad y en un 18 por ciento
para el caso de los ingresos por urgencias tanto por patologías
respiratorias como cardiovasculares", explicaron los
expertos.
Estos incrementos en la
mortalidad y en los ingresos hospitalarios "son seis veces
superiores a los detectados en los contaminantes primarios, como
las partículas en suspensión o el dióxido de azufre, para el
conjunto de la población", explica Cristina Linares.
La causa estriba en que el ozono
troposférico "es un potente oxidante, extremadamente
irritante para el sistema respiratorio, en el que produce reducción
en la función pulmonar y empeoramiento de enfermedades
preexistentes como el asma", añade.
El ozono troposférico, así llamado porque se
produce en la troposfera, la capa baja de la atmósfera, nada
tiene que ver con el llamado "ozono bueno", situado en
la estratosfera, que nos protege de la radiación UV-B,
suficientemente energética como para causar importantes problemas
sobre la salud de las personas.
El mismo gas por debajo de los 10 kilómetros de altitud, donde se
desarrolla la vida humana, pasa de protector a inductor de patologías
respiratorias y circulatorias y otros síntomas como irritación
de ojos, dolor de cabeza, dolor de pecho y tos.
Además, "existe un nexo entre el ozono troposférico y las
patologías cardiovasculares, ya que provoca una disminución en
el diámetro de las arterias y aumenta la posibilidad de
afecciones relacionadas con procesos vasculares", apunta
Julio Díaz.
Los niños, los ancianos, las personas con enfermedades previas y
los adultos sanos haciendo ejercicio al aire libre son "los
grupos diana" determinados por el estudio para este
contaminante fotoquímico, que se produce por la presencia de
fuertes concentraciones de óxido de nitrógeno, causados por la
combustión de los motores de los coches, al recibir la acción
fotoquímica de los rayos del sol.
"En los niños la explicación
es que pasan mucho tiempo al aire libre y al ser su frecuencia
respiratoria mayor, inhalan más contaminante por kilo de peso
corporal y, en el caso de la actividad física, las personas
respiran más rápido y profundo, con lo que aumenta la dosis
recibida y la penetración del ozono en las zonas más profundas
del pulmón", aclara Díaz.
Los efectos sobre el medio ambiente tampoco pasan desapercibidos y
en la vegetación, por ejemplo, "episodios cortos a altas o
medias dosis, como las registradas habitualmente en Madrid,
producen daños sobre las plantas visibles en las hojas mediante
manchas punteadas de color rojizo, marrón o púrpura y ataca
gravemente a los fresnos".
El ozono malo" reduce la fotosíntesis neta, aumenta el
envejecimiento prematuro de las plantas con lo que el rendimiento
de los cultivos como la patata o el tomate es mucho menor y
contribuye a la oxidación de otros contaminantes, induciendo la
llamada "lluvia ácida", según el estudio.
Dada que la tendencia a las concentraciones de este gas en Madrid
es creciente (en la última década han pasado de los 20 ug/m3 a
los más de 40 ug/m3 de media en 2004) los expertos recomiendan
medidas preventivas como "la restricción del tráfico de vehículos
y la limitación de su velocidad en aquellos lugares donde se prevé
que se superen los umbrales establecidos".
|