Política/Nuclear
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Madrid, octubre de 2005, www.infoecologia.com |
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La resolución añade: Muchas
son las razones que nos llevan a este planteamiento. En primer lugar el
tema de los residuos de alta radioactividad que producen estas
centrales. Las piscinas de las centrales nucleares españolas están
casi llenas de residuos de alta radiactividad, altamente nocivos para el
hombre y la biosfera. Los defensores de esta energía no han sido
capaces de encontrar una solución mínimamente razonable a este tema
que hipoteca el futuro de nuestra descendencia. En
segundo lugar un grave problema de seguridad. Los accidentes de
Chernobil y de las Tres Islas existieron. El accidente de Vandellós I,
que estuvo a punto de convertirse en una catástrofe, existió, y supuso
la parada definitiva de esta central nuclear. Las centrales nucleares
envejecen, y su obsolescencia produce un aumento de los problemas de
seguridad. Los recientes accidentes de este año de las centrales de
Vandellós II, Cofrentes etc, nos indican que a una central nuclear le
ocurre lo mismo que a cualquier instrumento: Su seguridad disminuye con
la edad, sus averías aumentan. En
tercer lugar porque las reservas mundiales de uranio son escasas y una
proliferación de centrales nucleares como pretenden los lobbys
nuclearistas ocasionaría, en pocos años, problemas parecidos en el
coste del uranio a los que tenemos actualmente con el precio del petróleo
por el aumento de consumo. Por
todo ello, es un absurdo que los defensores de la energía nuclear se
apoyen cínicamente en el cumplimiento del Protocolo de Kyoto para
extender esta energía, o al menos impedir su cierre progresivo. La
energía nuclear no es la solución a Kyoto, ya que, por sí misma, es
un problema mucho peor que el efecto invernadero. Y ello sin tener en
cuenta que ha estado siempre asociada al desarrollo y producción de las
armas nucleares. Izquierda
Unida afirma que es posible cumplir con el Protocolo de Kyoto (aunque
reconocemos que la imprevisión del PP lo haya puesto, en estos
momentos, muy difícil en España) y, a la vez, avanzar en la supresión
de la energía nuclear. El camino es el desarrollo de las energías
alternativas (eólica, solar, biomasa, etc) y la mejora de la eficiencia
energética. El nuevo, realmente muy viejo, discurso nuclearista ni
resuelve los problemas de la energía, ni contribuye al cumplimiento del
Protocolo de Kyoto ni, por supuesto, es sostenible, ni responsable en el
ámbito medioambiental. Queremos
recordar que siete países de la Unión Europea, algunos con mayor nivel
de desarrollo que nosotros como Italia, Dinamarca o Austria no utilizan
la energía nuclear. Cuatro países más, Alemania, Suecia, Bélgica y
Holanda tienen calendarios y/o programas de cierre de sus centrales
nucleares. Sólo un país, Finlandia, ha decidido en los últimos años
iniciar la construcción de una central nuclear. El balance total es
claro: La energía nuclear es una energía en declive en Europa por
problemas económicos (sólo es rentable si externaliza muchos de sus
costes), por problemas de seguridad y por la imposibilidad de encontrar
una solución razonable a sus residuos. El
gobierno del PSOE ha dado pasos positivos en defensa al traer las tropas
de Irak, en libertades civiles instaurando el matrimonio entre personas
homosexuales, en política hídrica al abolir el trasvase del Ebro.
Desgraciadamente, en temas de energía
la política de este gobierno sigue pareciéndose demasiado a la
del anterior gobierno del Partido Popular. Ningún paso serio en el
camino de la sostenibilidad energética se ha dado hasta el momento. Izquierda Unida está convencida de que es el momento de hacer una opción clara por una nueva cultura de la energía que suponga a la vez, suprimir las centrales nucleares, apostar seriamente por las energías alternativas y desarrollar planes ambiciosos de mejora de la eficiencia energética. Una política decidida en este sentido, acompañada de las inversiones necesarias en I+D, nos permitiría situarnos en la vanguardia tecnológica y empresarial del cambio energético que se va a realizar necesariamente en el mundo a lo largo de las próximas décadas. Es paradigmático el ejemplo de la energía eólica, donde España ocupa una posición destacada. Un ejemplo a seguir en todas las ramas de la nueva cultura de la energía, concluye la resolución. |
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