Pueblos indígenas en aislamiento voluntario: 
¿Quién defiende sus derechos humanos?

Por Miguel Morán para Infoecología (febrero 2006) / Fotografías: Lisa Davenport

Fogón temporal y restos de una arquitectura nunca antes vistos, fueron encontrados a 20 minutos de la Estación Biológica de Cocha Cashu, en pleno corazón del Parque Nacional del Manu. 

Madereros ilegales dentro de los territorios tradicionales de estos indígenas son ahora su más peligroso enemigo. Científicos de la estación Biológica de Cocha Cashu en el Parque Nacional del Manu, debieron abandonar investigaciones ante la presencia de los indígenas desplazados.

El Perú, pese a tener con Brasil la mayor población de indígenas en aislamiento voluntario del mundo, aún carece de políticas específicamente referidas a estos.

En el corazón de la amazonía peruana existen pueblos indígenas en aislamiento voluntario que sucumben ante enfermedades simples a través de tan sólo contactos superfluos con madereros, misioneros, petroleros o aventureros que se internan en sus territorios. No es una exageración, ya sucedió y sucede ahora mismo mientras escribo y usted lee este artículo. 

A pesar de que mucha gente no lo cree, reconoce y admite, los pueblos indígenas en aislamiento voluntario, así como nosotros, estamos frente a una posible pandemia. La tragedia de desaparecer por una simple gripe y otras enfermedades o ser muertos a tiro de escopeta como un venado o huangana está latente.

No es un asunto exótico, digno de documentales científicos, que deba ser abordado por antropólogos, religiosos catequizadores o aventureros. Se trata de la vida de seres humanos, de la identidad de América, de lo que fuimos hace cientos de años atrás... como los que encontraron los españoles cuando conquistaron América. 

Los pueblos indígenas en aislamiento voluntario, a pesar de que no conocen moneda, fronteras, gobiernos democráticos, ejércitos aliados, religiones, ni ejercen su derecho a voto, merecen un tratamiento mucho más especial que cualquiera de nosotros, son ciudadanos aún con mayores privilegios por su situación de inmensa vulnerabilidad.

Territorios amenazados

El Dr. John Terborgh trabaja en Perú hace 40 años y dirige desde 1973 la estación biológica de Cocha Cashu, en el corazón del Parque Nacional del Manu y ve el desplazamiento de los pueblos indígenas en aislamiento voluntario con mucha preocupación. “Desde que Brasil vedó la extracción de caoba en su país, el Perú se convirtió en el único proveedor, con muy buenos precios que estimulan el ingreso de madereros ilegales a las zonas altas o cabeceras de los ríos, donde nunca existió actividad maderera alguna. Ahora puedo decir que por la presión de los madereros en sus territorios tradicionales, se están dispersando, buscando nuevas áreas seguras”. 

Año 2005. Dr. Terborgh en el Parque Nacional del Manu, Perú. 

En el 2005, entre abril y mayo, Terborgh encontró alrededor de 20 campamentos de indígenas a sólo 2 kilómetros de la estación biológica. “Ni los Matsigenkas del parque saben qué idioma hablan y ante una mala interpretación prefieren no acercarse tampoco. Mauro, profesor de Tayacome, y Benito, profesor de Yomibato, los han visto, y Misael, amigo de la estación, fue atacado con flechas mientras surcaba el río Manu”.

“En abril tuvimos que evacuar la estación biológica durante un mes pues construyeron sus campamentos cerca de nuestras trochas” agregó.

Asimismo, Conrad Feather, de la ONG Serjali, también describe un encuentro entre Nahuas e indígenas en aislamiento voluntario, en el río Caspajali (30 de agosto 2005), y advierte que estos ahora están cada vez más cerca y más vulnerables que nunca por la presión maderera en áreas remotas. El encuentro descrito dejó por lo menos un  aislado herido, pues los nahuas asustados y sorprendidos por las flechas tuvieron que realizar disparos disuasivos para evitar bajas inminentes entre los suyos. 

“Ahora los nahuas reciben talleres para evitar por todos los medios estos encuentros y están preparando planes de contingencia en el Parque Nacional del Manu. Sin embargo, la mejor solución es cerrar el paso a todos aquellos que se adentran por los afluentes de las cabeceras; puestos de control estratégicos, esa sería la mejor solución y la más económica”, advierte Feather.

Diego Shoobridge, de la ONG Parkswatch, también encontró malocas o chozas pequeñas, muy frescas el año pasado mientras hacía una travesía desde el recientemente declarado Parque Nacional Purús hasta Sepahua: “Lo que vimos fueron chozas pequeñas y huellas muy frescas, además de fogones y restos de comida muy recientes. Dos de nuestros guías vieron a dos indígenas en aislamiento voluntario mientras evacuábamos para evitar el contacto. Estos indígenas están siendo desplazados de sus territorios por los madereros. Mientras estuvimos haciendo un monitoreo en el Purús nos topamos con varios grupos de taladores ilegales en lugares donde antes no llegaban, es más nos aseguraron haberlos visto cerca y nos sugirieron tener cuidado”.

Eso no es todo, también existe una verdadera crisis en la región amazónica de frontera entre Brasil y Perú debido a las invasiones de madereros peruanos que no solamente depredan recursos en Brasil, sino que también perturban los ciclos tradicionales de desplazamiento de estas poblaciones.

“El Parque Nacional del Manu necesita apoyo, no tiene la capacidad para manejar recursos logísticos y médicos. Pensábamos que querían contacto al acercarse tanto a la estación biológica, pero en la práctica esto no fue así. Por ello existe la necesidad de apoyo médico para actuar si existiera un contacto e inmunizarlos, ya que son extremadamente vulnerables a nuestras enfermedades más comunes. Es usual que mueran muchos cuando hay un contacto y el parque no está preparado para brindar este tipo de servicios”, explica Terborgh.

Paralelamente, la Asociación para la Conservación de la Cuenca Amazónica (ACCA) tuvo este mismo tipo de experiencias en la zona del río Los Amigos y prepara un plan de emergencia por si se producen contactos indeseados. Dicho plan incluye la preparación de un equipo médico de emergencia y la logística necesaria para poder actuar ante cualquier eventualidad.

Guardaparques del Parque Nacional del Manu al interior de una maloca abandonada. 

¿Qué hacer?

Al margen de las precauciones médicas, para Terborgh es primordial desalojar a los madereros ilegales, pero no ve voluntad política por parte de las autoridades gubernamentales y estas no tienen la capacidad de control para enfrentarse a los madereros armados. “Creemos que van a pelear sin la menor duda. El ejército podría ser la única solución para rodearlos y expulsarlos. Lo fundamental del problema es la ilegalidad en la selva dentro de áreas remotas donde el Gobierno no tiene control. Deberíamos declarar en veda a la caoba como en Brasil. Sólo así se ha podido manejar esta situación” opina Terborgh. 

Actualmente, de los pueblos indígenas en aislamiento voluntario no se preocupa casi nadie, sólo algunas organizaciones indígenas. Asimismo, algunas ONG indigenistas de carácter internacional y otros actores que por diversos intereses levantan el tema, se manifiestan alguna que otra vez. De las ONG pro derechos humanos y conservacionistas tampoco se escucha mucho, considerando de estas últimas que, al conservar territorio indígena se protege una inmensa biodiversidad.

Por parte del Estado peruano, es el Congreso de la República quien debería jugar el rol que le corresponde en su protección y asumir la responsabilidad histórica de legislar a su favor antes que ocurra un genocidio como sucedió en Brasil. Precisamente en este país, donde las leyes existentes van de acuerdo a una larga experiencia sobre el tema, es el Poder Legislativo quien toma las últimas decisiones sobre qué hacer con estos pueblos; por ello en el Perú se deben usar estos antecedentes. Así también, la sociedad civil, es decir todos nosotros, deberíamos tomar conciencia y exigirlo así.

Se debe actuar y legislar inmediatamente

Ya existen diversos dispositivos que protegen los derechos de estos pueblos, los cuales están expresamente establecidos en la Constitución Política del Perú, en la Ley de Comunidades Nativas y en el Convenio 169 de la OIT suscrito por el Perú. Sin embargo, falta una articulación de dichos dispositivos para llegar a establecer una política nacional integral. Esta situación ha generado un importante movimiento institucional para la definición de políticas y acciones de protección, esencialmente promovido por AIDESEP (Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana), la mayor organización indígena de la amazonia peruana.

En otro nivel, existe un proceso formal entre los dos gobiernos (Grupo Brasil/Perú de Cooperación Ambiental Fronteriza) que puede constituir un marco global pero que tiene limitantes por depender de la diplomacia burocrática de ambos países, y también por considerar de manera amplia los temas ambientales en la frontera, y no explícitamente a las poblaciones indígenas en general ni los indígenas en aislamiento. 

La extinta Comisión Nacional de Pueblos Andinos, Amazónicos y Afroperuanos (CONAPA), ahora convertida en el Instituto Nacional de Desarrollo de los Pueblos Andinos, Amazónicos y Afroperuanos (INDEPA) fue apoyada y promovida por el movimiento indígena peruano en la creencia de que el Estado finalmente asumiría sus obligaciones para con los indígenas de manera institucional. Sin embargo, la delegación de las acciones para la protección de los pueblos aislados y las reservas ya establecidas a terceras partes, atenta contra la acumulaciónn de estas experiencias en el tema,  desperdiciando la oportunidad de fortalecer al INDEPA dentro de la estructura del Estado para el manejo eficiente de estos asuntos.

Es hora de que los legisladores y la sociedad civil hagan causa común en la defensa de nuestros compatriotas. Es hora de asumir de una vez por todas esta responsabilidad histórica.

Miguel Morán es comunicador especializado en temas ambientales y de marketing ambiental.

Correo electrónico. cuchimilco2002@yahoo.com 

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