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Viajes |
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Libia, la magia del desierto |
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Por Paloma San Segundo para Infoecología (Texto yfotos) marzo 2006 |
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Lago Salado Gabon Infoecologia.- Libia, constituye un filón de naturaleza en estado puro. La inmensidad, por su cielo y sus cientos de kilómetros de arena y rocas milenarias hacen de este país norteafricano un destino muy exclusivo para los amantes de los territorios vírgenes. Esta es la historia de una de esas aventuras.
LEALTANZA-AUTO OJA está compuesto por cuatro amigos: José Ignacio, Oscar, Pedro y Paloma, que hace aproximadamente cuatro años decidimos formar un equipo de todoterreno . Podríamos definirnos como un grupo de “aventureros motorizados” que un día, llevados por el espíritu de descubrir nuevas tierras, nos comprarnos dos Mercedes G (300 y 320) y los equipamos con los medios mas sofisticados para adentrarnos en lo inexplorable. Así, hemos recorrido hasta el día de hoy prácticamente todo Marruecos, donde hemos participado en tres ocasiones en el trofeo 4x4 Sahara Aventura y dos veces en el campeonato de España de orientación. Este año se nos ocurrió dar al equipo un aire más arriesgado y de esta manera, nos adentramos en las profundidades de Libia, ese gran desconocido del continente africano que constituye un filón de naturaleza en estado puro e inmensidad, por su cielo y sus cientos de kilómetros de arena y rocas milenarias. Nuestro viaje comenzó un 25 de noviembre y terminó un 12 de diciembre de 2005. En total, diecisiete días de aventura, precedidos de meses de preparación en los que el equipo entero nos esmeramos en preparar los coches para cualquier contingencia que pudiera surgir en un país que, excepto en su zona norte, está casi por completo deshabitado. Así, preparamos tanques de combustible supletorios (de unos 180 litros de capacidad por coche) para abastecernos en las travesías de los grandes desiertos libios (Murzuk y Awbari), en que estuvimos hasta cinco días sin ver la civilización. También nos aprovisionamos de agua, alimentos, material de acampada, repuestos y herramienta para los coches (amortiguadores, embragues, neumáticos, compresores de aire, etc) así como de la cartografía y los equipos de navegación GPS mejores y más sofisticados que entre todos pudimos encontrar y reunir. Entre el material que manejamos incluso dispusimos de mapas rusos a escala 1:200.000, tracks de viajes anteriores similares al nuestro que encontramos en revistas especializadas y fotos por satélite de la NASA, que nos fueron de gran utilidad para conocer de antemano los pasos que deberíamos tomar para adentrarnos en el desierto y recorrer su inmensidad.
En nuestros 17 días viaje, el equipo LEALTANZA AUTO OJA realizó 4.907 kilómetros por tierras africanas, a los que hay que sumar los aproximadamente 1.200 que hicimos desde casa hasta llegar a Marsella, punto de partida del transatlántico que nos transportó de Europa a Túnez, en una travesía de 24 horas de duración. Cruzamos Túnez de norte a sur para llegar a la frontera Libia. En total, 1.107 kilómetros –sumadas la ida y la vuelta - que aprovechamos para visitar las ruinas romanas de El Djem y el pueblecito de Matmata, que sirvió de decorado a “La Guerra de las Galaxias”.
Antes de cruzar a la frontera, cambiamos dinero a algunos de los cambistas que nos salen al paso en los límites de Túnez. El cambio aproximado es 1 euro, 1,6 dinares libios. También observamos como a los lados de la carretera se vende gasolina de contrabando, traída a Túnez desde Libia, donde es mucho más barata, aproximadamente a 0,10 euros el litro, frente a los 0,36 euros que cuesta al cambio en territorio tunecí. Los trámites de frontera son tediosos. Tanto a la ida como a la vuelta tardamos horas en atravesar la aduanas de ambos países. A la entrada a Libia existe una vigilancia extrema de las emisoras de radio (nosotros las quitamos, para una vez dentro del país, volverlas a poner) y del alcohol, cuyo consumo está fuertemente prohibido por las autoridades libias. A la salida, sin embargo, el control se centra principalmente en impedir que los turistas se lleven restos arqueológicos y piedras curiosas del desierto donde, hasta cierto punto, resulta muy sencillo encontrar verdaderos tesoros de épocas remotas. Tres
desiertos
Atravesar el desierto del Akakus resultó más sencillo pero no por ello menos impresionante. Su paisaje se asemeja mucho a las fotografías de Marte: arena rojiza, que se intercala con inmensas rocas basálticas de formas curiosas, parecidas a todo lo que nuestra imaginación pudiera dar de si. Al pié de muchas de estas formaciones rocosas encontramos dibujos prehistóricos de cazadores, animales, vehículos primitivos y bajorrelieves que muestran elefantes, jirafas o cocodrilos, en un lugar invadido hoy por la arena, pero donde hace miles de años existió una selva cubierta de agua y vegetación. La magia del Akakus da paso al Murzuk, un mito para los que viajan a Libia y se atreven a adentrarse en lo más profundo de su desierto. El Murzuk aparece en los mapas reflejado con el nombre de “Sand Sea” y realmente aquello es un auténtico mar de arena de dorados reflejos y de color casi blanco, al que se accede a través del Coll D’Anai, paso natural comprendido entre dos impresionantes cadenas montañosas de piedra. Estuvimos tres días en el Murzuk, en los que hicimos más de 700 kilómetros y un recorrido de dificultad intermedia. Este desierto posee tres zonas definidas en función de su dificultad. La situada más al oeste es la más difícil y sus dunas son muy elevadas, sin apenas planicies entre una y otra. La zona intermedia es también de dificultad media, a nuestro juicio, la más divertida porque permite combinar la subida y bajada de dunas –en ocasiones con caídas bastante agudas- con la navegación por llanuras de arena fina y casi blanca. Una auténtica delicia.
La parte del Murzuk situada más al este es la más fácil, pero para los aventureros del 4x4 resulta algo monótona, pues las dunas casi desaparecen del paisaje.
Y si no que se lo pregunten a los de Territori, que viajaron con un Mercedes Unimog para transportar herramienta, material y para que, en general, sirviera de vehículo de asistencia. El camión, a pesar de estar preparado para esta clase de travesías, volcó en una duna a la salida del Akakus. En el momento de suceder esto, los cuatro ocupantes del vehículo (entre los que se encontraban el policía libio y la doctora del grupo) estaban solos, separados del resto de los coches. Les costó un día entero encontrar ayuda, hasta que al final dos de ellos echaron a andar y consiguieron localizar a unos hombres junto a un pozo.
La hospitalidad del pueblo libio es muy grande y pronto acudieron en ayuda del camión y de sus ocupantes, que pasaron unas horas de angustia hasta que consiguieron poner de nuevo el vehículo en pié y hacerlo funcionar. En general en el desierto libio las bajadas y subidas de las dunas se entremezclan con lagos secos de arena. En algunos de ellos, sobre todo en el Murzuk, es fácil encontrar restos de vasijas de barro, puntas de flecha o cuentas de collares de piedra. Es una delicia escarbar en la tierra y que aparezca casi en la superficie alguna de estas “joyas” del pasado. Tras contemplarlas, lo mejor es devolverlas a donde estaban pues, como dije anteriormente, las autoridades libias vigilan y castigan el “saqueo” de piezas y restos arqueológicos. Arena
y dunas
Transportando un dromedario La infraestructura hotelera en Libia es más bien escasa. Tan solo en el norte existen algunos hoteles y los de mejor categoría prácticamente se reducen a la zona de Trípoli, la capital. El resto del país es prácticamente un páramo. A medida que nos adentramos en el sur, la civilización va desapareciendo. Salvo el pueblecito de Gadhamés (antigua aldea Tuareg, declarada Patrimonio de la Humanidad) lo que existe por debajo son localidades de escasos habitantes donde, con suerte, lo máximo que se puede encontrar para pasar la noche son lo que los libios denominan “campings”. En realidad, se trata de albergues con bungalós de techos de paja, baños y aseos comunes, pero bastante aceptables dadas las circunstancias. La comida en ellos tampoco es mala y la estancia, con media pensión incluida, ronda los 10 euros por persona. Son un lujo para el viajero, teniendo en cuenta que son escasos y que permiten darse una ducha, un auténtico sueño cuando se llevan sobre las espaldas tres o cuatro días de acampada. Siete de los 14 días que estuvimos en tierras africanas acampamos en ruta (seis de ellos en dunas); tres dormimos en los mencionados “campings” y los otros cuatro, pernoctamos en hoteles, dos de ellos en Túnez y los otros dos en Libia. En general, el país no ha sido aún “tomado” por el turismo. Los libios (sobre todo los tuaregs, en la zona sur) se muestran en general sorprendidos ante la llegada de grupos de coches de 4x4 a sus aldeas. Algunos de ellos han empezado a fabricar en bloque objetos de artesanía, bisutería o algunos souvernirs que venden a los turistas a precios, la mayoría de las veces, bastante altos. El “regateo” en Libia no es tan frecuente ni tan sencillo como en Marruecos.
Para nosotros y para nuestro equipo LEALTANZA AUTO-OJA, ha sido una experiencia inolvidable pero no irrepetible. El año próximo volveremos otra vez. Que Alá nos proteja y nos ayude a conseguirlo. |
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Apasionada por las motos, es experta en el uso de sistemas GPS y navegación y ha participado en numerosas expediciones al Magreb Pedro de Castro, José I. Achiaga y Oscar Martínez son miembros fundadores del equipo Lealtanza-Auto Oja. Especialistas en conducción de vehículos todo terreno han participado en numerosas pruebas de la especialidad. En la actualidad, De Castro prepara su primera participación en el Rally Lisboa-Dakar 2007. Si te interesa contactar con los autores o patrocinar el equipo del Dakar contacta AQUÍ. |
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