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La columna verde |
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Filtros |
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Por ejemplo, en cuanto un amiguete es ascendido a la categoría de jefe, ya es problemático comunicar con él. Los filtros tienen nombre de secretaria: AMIG.- ¿El Señor Fernández, por favor? SECR.- ¿De parte...? AMIG.- Juan López. SECR.- ¿Motivo de la visita? AMIG.- Es personal. Soy amigo suyo. SECR.- ¿De qué Empresa? AMIG.- No, no. Ya le digo que...
Esta moda de los filtros se ha extrapolado y automatizado a servicios públicos, de manera que algún día llegarán los bomberos cuando el incendio se haya extinguido por sí solo. Eso de que, tal vez debamos actualizar aquél, “a buenas horas mangas verdes” es de por sí malo; pero puede convertirse en peligroso cuando el filtro es una barrera y la barrera ampara una intransigencia radicalizada. En esta misma columna hemos hablado de “bienes comunes”, entre ellos el aire. Bueno pues, el aire puesto en movimiento, es decir, el viento, es un bien común, inagotable generador de una energía limpia, ecológica, renovable: la llamada “energía eólica”.
Resulta que esa energía, convenientemente acumulada y canalizada para poner en funcionamiento nuestra lavadora o nuestra maquinilla de afeitar, ha superado en megawatios, en España, a la energía nuclear, más sucia y con residuos contaminantes peligrosos.
Resulta que antes de instalar un parque eólico en España, se mira el impacto ambiental, la rentabilidad de cada molino, el número de puestos de trabajo que se crean en la zona (instalación, mantenimiento de los molinos...), es decir, el plan de instalación pasa una serie de filtros antes de aprobarse. Bien. Pues resulta que en una determinada zona española, ante el anuncio de la instalación de un parque eólico, se ha colocado un filtro intraspasable, una negativa intransigente, alegando la mortalidad que producirían las aceradas aspas de sus molinos en las aves de la comarca, especies protegidas todas ellas.
Los últimos estudios indican que la mortalidad por esta causa entre cualquier colonia de aves es del 0’22 %, debido a que los animales en general y las aves en particular, sí saben escarmentar en alón ajeno y en cuanto una sufre daño, las otras ni se acercan por el lugar.
Ese comportamiento prudente y preventivo de los animales debería “filtrarse” en algunos seres humanos. |
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