Energía/ONG
WWF: Las nucleares no son la solución al cambio climático

Por WWF/Adena, agosto de 2005 (Infoecología)

WWF/Adena analiza la realidad actual de la energía nuclear en un documento el que concluye que la energía nuclear no es una solución sostenible para satisfacer la demanda energética española, no reduce de forma significativa la emisión de gases de efecto invernadero, es más cara que sus alternativas, supone riesgos inadmisibles para los ciudadanos y embarga el futuro de las próximas 10.000 generaciones.

 

Según el documento de WWF/Adena, la contaminación y las fugas peligrosas se producen en toda la cadena de la energía nuclear, desde la extracción del uranio en las minas hasta el almacenamiento de residuos, pasando por las operaciones de las centrales. De hecho, los accidentes peligrosos son bien conocidos (Three Miles Island, Chernobil, Tokaimura). España también ha tenido un accidente importante, el de Vandellós I, que ocasionó la clausura de la central.

 

Sin la intervención del estado, la industria nuclear es incapaz de solucionar los retos con los que se enfrenta, tanto en lo referente a problemas clásicos de gestión y almacenamiento de los residuos, como el hecho de haber pasado a ser nuevo objetivo del terrorismo internacional (las propias centrales y las llamadas “bombas sucias”), que van a aumentar los costes de seguridad de la energía nuclear de modo astronómico. Poco puede confiarse en las alegaciones de seguridad de la propia industria nuclear, que tiene una larga y probada historia de mentiras y engaños para anteponer su interés al bienestar de los ciudadanos y a la optimización de la economía. Así, las ocultaciones por parte de las empresas son notorias, como los casos de Vandellós II (2004) o la falsificación de informes de seguridad en la parada de 17 reactores de la Tokio Electric Power (2002).

 

La industria nuclear no produciría energía competitiva en un mercado realmente liberalizado y sólo pueden subsistir merced a las “trampas” de las subvenciones estatales pasadas, la financiación con los impuestos de los ciudadanos (externalización) de las carísimas instalaciones para sus residuos y la no contratación de seguros válidos. Las empresas nucleares no pueden cubrir ni el 1% de los gastos de un accidente serio pues, si pagaran los seguros adecuados, los costes serían tan altos que la construcción y funcionamiento de las centrales resultaría inviable. Por otra parte, las reservas de uranio más accesibles (las que actualmente se explotan) no durarán más de 50 años con el consumo actual. Los yacimientos con menores concentraciones serán más caras y, en la mayoría de los casos, se emplearía más energía en la extracción de las que producirían las centrales.

 

La pretensión de utilizar la energía nuclear para luchar contra el cambio climático sería la peor solución. En efecto, dejando de lado por un momento los riesgos, la tonelada de CO2 no emitido gracias a la energía nuclear resulta muchísimo más cara que la ahorrada por cualquier otro método (eficiencia, energías renovables u otros procedimientos). Además, desde que se comienza la construcción de una central nuclear, se tarda mucho en producir energía. Por ello, con energía nuclear tardaríamos una década en dejar de emitir los gases de efecto invernadero que necesitamos eliminar ahora. Las simples bombillas de bajo consumo, cuya generalización harían inútiles a las nucleares, tardan en dar resultado el tiempo justo de enroscarlas. Las centrales nucleares no son en realidad necesarias, pues sólo con medidas de eficiencia se ahorraría más energía de la que producen.

 

Además, las centrales nucleares no producen más que electricidad (a diferencia de la cogeneración) y carecen de flexibilidad para adaptarse a los cambios bruscos en la demanda. Por ello, las centrales térmicas –contaminantes- siguen siendo necesarias en cualquier caso.

 

La industria nuclear acapara fondos ingentes que invertidos en otros campos, como en eficiencia energética y en renovables, producirían un ahorro de emisiones infinitamente mayor y con costes mucho menores; de forma que, por el mismo dinero, se contribuiría mucho más a la lucha contra el cambio climático.

 

Heikki Willstedt, Responsable de Energía y Cambio Climático de WWF/Adena, concluyó: “No podremos cumplir el Protocolo de Kioto por muchas centrales nucleares que construyamos. Centrarse en esa fuente energética coarta el desarrollo de tecnologías autóctonas válidas. Toda estos gastos y riesgos gratuitos favorecen una economía especulativa y lastran el futuro energético de nuestro país”.

 

Para más información:
Heikki Willstedt
, Responsable de Energía y Cambio Climático de WWF/Adena.

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